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First Dates Las excéntricas manías musicales de un comensal de «First Dates»

Pedro reconoció nada más llegar ser un joven maniático y de gustos eclécticos

CUATRO
Actualizado
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«First Dates» supera ya las 700 noches emitiendo desde su restaurante del amor. A Carlos Sobera parece que no se le acaban nunca los solteros con ganas de enamorarse ante las cámaras, y Cuatro ha encontrado un auténtico filón de audiencia en este dating show tan peculiar. Por el plató de Cuatro han pasado los personajes más excéntricos que uno pueda imaginarse, y no pocos de ellos se han ido del programa acompañados. Ninguna misión es imposible.

Este miércoles Sobera y los suyos introdujeron una novedad en el programa dejando espacio no para una «first date» sino para una posible «last date». Una pareja en crisis, al borde del hundimiento, se sentó a cenar en el restaurante de Cuatro para tratar de limar sus asperezas.

El hombre de la primera de las parejas de la noche fue Sebas, un bailarín ibicenco de 24 años que ya llegó hablando de sus atributos sexuales: «Me defino sexualmente como un tigre, soy completo y apasionado». También definió su prototipo de mujer ideal: «Tienen que ser morenas, con pelo negro y buen cuerpo». Su pareja era Janis, una camarera barcelonesa de 22 años que llegó a «First Dates» consciente de que «normalmente pido demasiado».

Por decisión del presentador, Sebas y Janis rompieron el hielo bailando al son de una samba para luego pasar a sentarse a la mesa. Ya desde la primera impresión todo fue sobre ruedas, pues ambos comensales demostraron tener un carácter y una actitud vital muy parecida. La conversación no hizo sino acrecentar esa sintonía. Hablaron de hijos, de matrimonio, religión...y aunque sus ideas no concordaban en todo, sí que tuvieron una charla distendida y agradable. Como no hubo ningún sobresalto hasta que concluyó la cena, al final ambos decidieron darse una segunda oportunidad a la espera de que surgiese el amor.

Un poco más adeante llegó otra pareja de la misma edad, pero estos homosexuales y de Sevilla. Pedro es un estudiante de historia del arte de 24 años que se presentó hablando de sus eclécticas aficiones: «Lo mismo te hablo de Goya y su pintura costumbrista que de Belén Esteban, el horóscopo y la comida japonesa». Al margen de eso, reconoció tener múltiples manías de muy distinto tipo: «Una de mis manías principales es que no me gusta Alejandro Sanz ni nada de eso...Tú me pones cualquier canción y si es de un hombre yo me quito los cascos».

Su pareja, también sevillana, era Abraham, un joven de 25 años que trabaja como enfermero y que dice que solamente cree «en mí mismo». La cita no fue tosca ni desagradable, pero quedó bastante claro desde el principio que no había mucha sintonía entre ellos. El principio estaba cantado casi desde que se conocieron, y nadie hubiese apostado un duro al futuro de una relación. Y pasó lo que tenía que pasar: los dos se volvieron a Sevilla, pero cada uno por su lado.