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First Dates La excéntrica experiencia vivida por una comensal de «First Dates»

Laura y Eduardo tuvieron una cita agradable, aunque al final ella prefirió que no siguiesen conociéndose

CUATRO
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Este martes en «First Dates» fue a buscar el amor Esteban, un administrativo de 27 años originario de Pontevedra que se presentó diciendo que él «estaba en política, en concreto en En Marea, para defender los derechos LGTB». Dijo ser una persona muy desconfiada a la hora de encontrar pareja por haber vivido varios desengaños.

Su pareja fue José, un lucense de 23 años que trabaja en una fábrica de empanadas. Ambos tuvieron una buena impresión del otro al conocerse, y pasaron a la mesa con una charla muy animada. Pronto descubrieron que tenían sintonías en lo que se refiere a la política, y además habían vivido experiencias similares durante su adolescencia.

La conversación fluyó con bastante facilidad, aunque José se quejó en el confesionario de que le hubiera gustado que «él hubiese llevado más la conversación». Al rato Esteban habló sobre su madre, y José le preguntó cómo se llamaba. «Loli», contestó él. «Loli», se dirigió a ella José, «voy a ir a conocerla, así que vete preparando la habitación en Pontevedra». Al final, aunque Esteban dijo que quería tener una segunda, José dijo que no porque lo veía «más como una amistad».

Algo más adelante apareció en el restaurante Laura, una barcelonesa treintañera que trabaja en el departamento de ventas de una empresa. «Me aburre la rutina», explicó en su presentación. Se definió como una persona «un poco loca» y que «vive el amor muy intensamente». Su pareja fue Eduardo, un comercial madrileño de 37 años que se definió como «un hombre agradable y simpático».

Al verse se cayeron bien y empezaron hablar desenfadadamente. «Déjame que adivine en qué trabajas», se atrevió ella, «¿cantante?, ¿bailaor?». Erró del todo sus previsiones, pues Eduardo se dedicaba a una cosa bien distinta, aunque luego en la mesa reconoció que en su juventud trabajó como bailarín de streaptease.

Siguieron charlando sobre sus aficiones y sus experiencias amorosas. Se rieron sin parar durante toda la cita, y parecía estar bastante claro que iban a acabar queriendo tener una segunda cita. «No soy una persona de ligar», reconoció él, «soy bastante torpe». A ella le encantó su personalidad porque «era muy abierta» aunque «físicamente no es una persona en la que me fijaría».

Hablaron sobre algunos de sus retos pendientes: «A mí me gustaría hacer puenting», comentó él. Ella le contó que había tenido una experiencia bastante peculiar: «Me tiré en paracaídas desnuda», confesó, lo que hizo que Eduardo se partiese de risa. Al final, aunque él quiso tener una segunda cita, Laura dijo que prefería que solo tuviesen relación como amigos.