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First Dates El estrambótico fetiche sexual de un comensal de «First Dates»

Alejandro aseguró ser una persona con unas ideas muy tradicionales sobre el amor

CUATRO
Actualizado
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Segunda noche de la semana en «First Dates», y en el restaurante de Carlos Sobera siguen con la misma fogosidad que la primera. Casi 800 programas acumula ya a sus espaldas el celestino más popular de la televisión. En Cuatro han encontrado la gallina de los huevos de oro con su programa de citas, que en ninguno de sus cinco días de emisión semanales baja del 7% de cuota de audiencia.

Empezó sentándose a cenar Tony, un barcelonés de 53 años, soltero y sin hijos, que trabaja como patrón de barco y presume de «cuidarme mucho, arreglarme las manos, comer bien...Me gusta arreglarme». El catalán reconoció que «hasta ahora me ha dado repelús y miedo la responsabilidad de tener una relación, casarse...Pero desde hace unos años tengo más ganas de probar». De su misma ciudad era Yolanda, cuatro años menos que Tony y gerocultura. «Cuando salgo por ahí por la noche la imagen que doy suele echar para atrás, porque generalmente prefieren a una mujer más tranquilita».

La primera impresión fue excelente para ambas partes, y Yolanda se sorprendió de verse «con este Richard Gere, con las pintas que tengo yo». La conversación fue agradable para los dos y a ella se la veía encantada con su pareja: «En cuanto me dijo que era patrón de barco ya me imaginé cabalgando las olas junto a él». Al poco tiempo él reconoció haber pasado una época canalla y mujeriega creyendo que a Yolanda eso no iba a gustarle, pero sucedió todo lo contrario: «Para que me guste un hombre tiene que ser un poco golfete». Las cosas fueron como ruedas, y acabaron dándose mutuamente un «sí, quiero».

Bastante más joven fue la segunda pareja de la noche. Alejandro es un estudiante de ADE de 25 años nacido en Pola de Siero (Asturias), que llegó reconociendo ser «una persona muy tímida, a la que le cuesta mucho conectar en la gente y le cuesta confiar». Respecto a las relaciones, dice andar en busca de una chica «con las ideas claras» pues hasta ahora «no he tenido mucha suerte en el amor porque vivo absorbido por el trabajo».

Desde Ponferrada llegaba su pareja, María José, una estudiante de enfermería de 19 años más tímida que él. Se notaba que había sintonía entre ellos, que tenían una personalidad semejante y que buscaban cosas parecidas en el amor. A María José le cuesta mucho abrirse para ciertos temas, y cuando Alejandro le preguntó por su última relación ella contestó echando balones fuera y sin acabar de dar una respuesta clara.

Durante la conversación descubrieron que eran activos, les gustaba salir, estar con los amigos, hacer planes y probar cosas nuevas. Casi al final de la cena él empezó a sacar los temas complicados, y le preguntó a María José por sus fetiches sexuales. Ella, tímida como era, no se atrevió a contestar y se quedó mirando al infinito hasta que él captó su mensaje. No obstante, él no quiere cambiar de tema sin dejar constancia de su peculiar fetiche: «Mi fetiche son las peluqueras. Me pone mucho que una tía sea peliquera y si me toca el pelo...ya estoy sedado».

Como veía verse venir, María José y Alejandro acabaron la cita besándose apasionadamente ante las cámaras, por lo que su decisión final estaba cantada: los dos quisieron tener una segunda cita para seguir conociéndose.