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First Dates La estrambótica maga de «First Dates»: «No existo debajo de mi maquillaje»

Amalia se presentó diciendo ser una persona muy especial, tanto que «creo que no somos de la misma especie»

CUATRO
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A Carlos Sobera y los suyos se les acumula el trabajo. Decenas de solteros llaman a diario a las puertas de «First Dates» con la esperanza de que en «el restaurante del amor» también ellos tendrán suerte. «Este no es un restaurante cualquiera», recuerda siempre Sobera al empezar el espacio de Cuatro. Como viene siendo habitual, «First Dates» no defrauda a la hora de mostrar al espectador lo más granado de la sociedad española. El aficionado al formato sabe que no sabe lo que puede esperarse de una cita de «First dates»: los seres más diversos y extravagantes que pueblan nuestro país se dan cita, y nunca mejor dicho, en el programa de Sobera.

La primera en llegar fue Anna, una actriz zaragozana de 26 años que aseguró que «mi referente es Paula Echevarría, tanto en lo personal como en lo profesional. Todo lo que hace me encanta». Además, se definió como «una persona muy nerviosa e impulsiva. Nunca he tenido una relación, y lo que me gustaría es encontrar una persona con la que me ría y que me deje mi espacio, porque yo me agobio enseguida».

Su pareja para la cita era Carlos, un vallisoletano cuyo sueño era ser diputado: «Me gustaría representar a un grupo de personas y velar por sus intereses. Además, me gusta decir las cosas a la cara». Al igual que Anna, él tampoco tenía una gran experiencia amorosa: «Nunca he tenido una pareja estable y ahora que me hago mayor me doy cuenta de que es una necesidad vital». Nada más llegar, demostró ser todo un galán al disculparse por llegar tarde y causó muy buena impresión en Anna.

A él también el gustó ella en un primer momento. En cuanto se sentaron a la mesa Carlos sacó el tema de la política, preguntándole si «suele votar en blanco». Anna responde que ha votado a Podemos, y eso dejó descolocado al vallisoletano: «Y ahora te arrepientes, ¿no?». Desde ese momento quedaron claras las diferencias ideológicas entre ambos, pero él dijo que estaba «dispuesta a respetarla». A Anna lo que no le gustó de él fue su falta de personalidad. Al final, ninguno de los dos quiso tener una segunda cita y Anna, muy orgullosa, le reprochó a Carlos haber dicho que no por haberlo dicho ella antes.

Bastante más estraña fue la segunda pareja de la noche. Primero llegó Amalia, una estudiante madrileña de 19 años con toda la cara maquillada de blanco y negro. «Me encanta parecerme a Lady Gaga porque me gusta su música y su estilo», explicó, «creo que no soy una persona normal y no quiero fingir que lo soy. Me cuesta mucho conectar con otro ser humano, por eso creo que no somos la misma especie». Amalia dijo no buscar nada en concreto, solo una persona «que no sea posesiva y que esté dispuesta a una relación abierta. Además, tiene que estar loca y gustarle salir de su zona de confort».

Su compañera de mesa sería Aurora, también estudiante y madrileña de 19 años. Al aparecer por el restaurante contó que el momento más duro que había vivido en su vida fue «cuando mi madre se quedó ciega cuando era niña, y eso me hizo más fuerte». Aurora tenía uans aficiones cuanto menos curiosas: «He ganado muchos concursos rapeando en coreano porque me gusta mucho ese tipo de música».

Al poco de sentarse a cenar Amalia empezó a decir que le encantaba «ser muy dramática, porque el mundo está lleno de personas que son iguales y yo no quiero ser así. Detrás de mi maquillaje mi cara es normal, muy básica, y por eso debajo de mi maquillaje no existo». Le explicó a Aurora que el maquillaje con el que se pinta la cara lo roba, pues «son multinacionales y no les pasa nada porque les robes algo». A Aurora no le gustó nada eso, y le dijo que «está muy mal, va en contra de mis principios morales robar algo».

Luego Amalia, que acaparó la mayoría de la conversación, se puso a hablar de sus experiencias sobrenaturales como queriendo asustar a su pareja: «Yo hice brujería y escuché a muertos...Me pasaron varias cosas desagradables y por eso he dejado la magia para ser una chica buena». Lo que acabó de ponerla la puntilla la cita y que desagradó del todo a Aurora fue la defensa de Amalia de una relación abierta: «Si tu pareja quiere divertirse liándose con otra persona, adelante». Como era de esperar, ninguna de las dos quiso tener una segunda cita.