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First Dates Las diferencias que casi echan a perder una cita en «First Dates»

Matías tuvo dudas sobre su futura relación con Alonso cuando este reconoció que apenas salía por las noches

CUATRO
Actualizado
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Tras el parón del martes debido a un partido del Mundial de fútbol femenino, Carlos Sobera volvió una noche más a ponerse al frente de «First Dates». El programa de citas de Cuatro lleva ya casi 1000 programas sentando a cenar a los solteros más desesperados de nuestro país.

El primero en llegar al restaurante fue Matías, un mexicano de 39 años que trabaja en Ibiza como jefe de hostelería. «Echo de menos mi país porque aquí, como no estoy enamorado, no estoy unido a nada más que al trabajo», dijo el comensal. Matías le contó a Sobera que buscaba a alguien que «sepa quién es y que le guste su trabajo». Además, antes de pasar al comedor, comentó que «estoy soltero porque soy muy selectivo».

Algo parecido dijo en su presentación Alonso, un biólogo sevillano de 37 años: «Soy exigente pero no tengo prisa por encontrar a la persona adecuada». Sobera los presentó y les habló de uno de los puntos que tenían en común: sus experiencias de voluntariado. En cuanto empezaron a cenar ese fue su primer tema de conversación, y Matías aprovechó para contar que durante su voluntariado en Filipinas conoció al que fue «el amor de mi vida».

Luego el tono de la conversación se relajó un poco y empezaron a hablar sobre sus preferencias sexuales y sus aficiones. La primera duda le entró a Matías cuando Alonso le contó que no le gustaba mucho salir por la noche: «Yo salgo mucho, y no estoy dispuesto a dejar de salir». Pese a ello, hubo feeling entre ambos y empezaron a besarse antes de terminar la cita. Como era de esperar, los dos quisieron tener una segunda cita para seguir conociéndose.

Para la segunda cita de la noche apareció en primer lugar Javier, un alicantino de 29 años vestido entero de blanco y con pendientes en ambas orejas. Este vigilante y camarero dijo ser «un tipo de gimnasio, con tatuajes, que va por Alicante en descapotable...aunque luego soy cariñoso». El alicantino le contó a Sobera que buscaba a una chica «cariñosa, entregada, morena y que quiera casarse y formar una familia».

Su pareja era Patricia, una dependienta madrileña de 30 años cuyo prototipo era «un chico que esté bien de cuerpo y tenga ojos claros». A la madrileña le costaba aguantarse la risa y no podía evitar soltar una carcajada tras cada frase. Empezaron a hablar sobre sus formas de vida y pronto se dieron cuenta de que no tenían mucho en común. Pese a que se cayeron bien no acabó de haber armonía para algo más que una amistad. «Te voy a ser sincero», le dijo él a mitad de la cita, «como persona eres una chica estupenda, pero no eres mi prototipo». Ahí la cita quedó ya sentenciada y cada uno se fue a su casa por su cuenta.