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First Dates El corte de una comensal ante la chulería de su pareja: «El que habla mucho tiene poco de abajo»

Mikel presumía de ser insaciable sexualmente, pero Maite no se creía a su pareja

Mikel y Maite tuvieron una cita agradable pero prefirieron no volver a verse - CUATRO
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«Los solteros de First Dates llevan todo el día pensando solamente en enamorarse». Así anunciaba en Twitter el programa de Cuatro su sesión de este jueves. En efecto, mientras haya solteros obsesionados con «encontrar el amor» la permanencia del programa de Carlos Sobera está garantizada. Siendo así, todo indicada a que tendremos «First Dates» para rato.

El gancho del programa está en la diversidad, en la amplia gama de parejas que intentan enamorarse delante de millones de españoles. Si el espectador pone Cuatro en busca de ternura y de parejas poniéndose ojitos, lo encontrará. Si el espectador, que es lo más común, busca morbo, excentricidad y extravagancias, lo hallará con creces. Y van ya la friolera de 702 programas, una cifra de la que muy pocos formatos pueden presumir.

La noche de este jueves en el restaurante del amor fue para segundas oportunidades. Casi todos los solteros que pasaron por el plató ya habían estado en «First Dates», y todos se habían ido con las manos vacías. Una de las primeras en llegar fue Marian, una hostelera leonesa de 50 años, ella sí primeriza en el programa. Se definió como «impulsiva, divertida y arrolladora y, aunque suene mal decir, me gusta ser el centro de atención». Para dejarle a su pareja una pista escribió en un papel los tres grandes placeres de su vida: «Viajes, moda y sexo. ¡Para qué más!».

Su compañero a la mesa fue Mikel, bilbaíno jubilado de 58 años debido a una invalidez. Para el vasco, «el sexo es muy importante, casi más que la comida», algo con lo que en principio coincidía con Marian. A la leonesa lo primero que le llamó la atención de Mikel fue lo muy delgado que estaba: «A este se lo mandaba yo a mi madre, para que lo cebe bien». Tampoco le gustó a Marian que no trabajase, «el hombre tiene que trabajar, independientemente de sus circunstancias», ni que nunca se hubiese casado, «a su edad sin haberse casado y sin hijos, muchas taras debe de tener».

Luego empezaron a hablar de sexo, su común pasión, compitiendo a ver quién era más sensual de los dos. «Para mí es el 90% de una relación», presumió Mikel, a lo que ella contestó escéptica: «Creo que con lo del 90 me está vacilando, no sé yo». Él siguió con el tema: «Te levantas por la mañana de mala ostia y pa, pa, pa, ya te quedas más relajado». Marian no acabó de creerse las bravuconadas del vasco, y le respondió que «el que habla mucho luego de abajo tiene poco». Al final, pese a que la cita fue amena y divertida, los dos decidieron no tener una segunda cita.