Es Noticia

First Dates La constantes burlas y pullas de una comensal a su pareja

Virginia y Víctor tuvieron una cita más o menos distendida pero estaba claro que nada iba a salir de ella

CUATRO
Actualizado
Enviar noticia por correo electrónico

«Los solteros de "First Dates" llevan todo el día pensando solamente en enamorarse». Así anunciaba en Twitter el programa de Cuatro su sesión de este viernes. En efecto, mientras haya solteros obsesionados con «encontrar el amor» la permanencia del programa de Carlos Sobera está garantizada. Siendo así, todo indicada a que tendremos «First Dates» para rato.

El gancho del programa está en la diversidad, en la amplia gama de parejas que intentan enamorarse delante de millones de españoles. Si el espectador pone Cuatro en busca de ternura y de parejas poniéndose ojitos, lo encontrará. Si el espectador, que es lo más común, busca morbo, excentricidad y extravagancias, lo hallará con creces. Y van ya la friolera de 709 programas, una cifra de la que muy pocos formatos pueden presumir.

Empezaron sentándose a cenar una pareja de jóvenes barceloneses. Él, Ángel tiene 22 años y trabaja como reponerdor en un supermercado aunque «no es el trabajo de mi vida, pero para ir tirando...». Cuatro años menor era Natalia, una manchega llegada a Cataluña para estudiar traducción y que reconoce no tener ninguna experiencia amorosa importante, «he tenido cosas esporádicas, pero nada serio».

«Yo soy muy personaje la verdad, me da igual lo que piensen los demás. Si quiero hacer algo, lo hago», le dijo Ángel a su pareja al poco de sentarse a cenar. Natalia dijo tener un carácter igual de espontáneo y desenfadado, por lo que tuvieron sintonía durante la conversación. La cita fue agradable y los comensales se cayeron bien. Especialmente ilusionado estaba Ángel, que ya se veía saliendo de la mano con Natalia. En medio de la cena le pregunto a la chica si le gustaba, a lo que ella respondió que sí. «Igual no ha sido mi respuesta más sincera», se disculpó luego Natali, «me gusta pero como amigo». El batacazo de Ángel fue tremendo, pero lo asumió con deportividad y se marchó a su casa solo.

Ya treintañeros eran Víctor y Virginia, madrileño y malagueña respectivamente. Ella trabaja en la capital como comerciante internacional y pasa la mitad de su vida viajando por el mundo. Víctor, seis años mayor, también es comercial, y asegura que «yo te vendo corbatas o caracoles, lo que sea. Si me lo das te lo vendo, no me da miedo nada».

«Lo he visto muy mayor, como si tuviese 40, y su físico no me ha gustado nada. Lo vi y pensé en no cenar, pero tenía hambre asi que...», dijo Virginia en el confesionario. La cita empezaba con mal pie, y la malagueña no parecía muy dispuesta a dejarse sorprender por su pareja. De hecho, se pasó buena parte de la cita lanzándole pullas a Víctor: «Aparentas más años de los que tienes», le soltó nada más sentarse a la mesa.

No mejoraron las cosas con el paso de los minutos. Él confesó que nunca había viajado fuera de España «porque yo soy muy amante de mi país». A la viajada y cosmopolita no le gustó nada eso, e incluso dijo que «yo creía que no existía eso de alguien con 36 años que jamás haya salido de España». También se burló de él, no sin razón, cuando le dijo que tenía tatuada su cara en el brazo izquierdo. «Ahí ya no me he podido aguantar la risa», reconoció ella.

Fue pasando el tiempo y allí no había nada que hacer. Víctor le había dado ya a Virginia las señales suficientes para saber que no era el hombre de su vida. Se envalentonó ante la joven presumiendo de ser «muy cocinitas. Mis paellas son las mejores del mundo». Virginia estuvo ágil: «¿Cómo van a ser las mejores del mundo si no has salido de España». Parecía que la cita no podía empeorar, pero lo hizo cuando Víctor le habló de la maternidad diciendo que «tienes que tener cuidado porque se te puede pasar el arroz». Desde ese momento todo fue un desastre total y el resultado fue el que era de esperar.