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First Dates La comprometida «pillada» de un comensal a su pareja en «First Dates»

Nada más ver a Alberto, Eduardo ya tenía claro que ese no era el hombre que buscaba en «First Dates»

CUATRO
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«First Dates» comenzó esta semana con el mismo ímpetu con el que terminó la anterior. No remite la marea de solteros desesperados a la busca del amor que llaman a la puerta del restaurante de Carlos Sobera para intentar resolver su gran problema: la soledad. Son ya muchas más de 730 las noches que «First Dates» lleva en antena en Cuatro y no parece que vaya a terminarse pronto, pues cada día decenas de solitarios aparecen por allí en busca de su alma gemela.

Empezó sentándose a cenar Alberto, un camarero onubense de 28 años que se declaró como un «enamorado de los animales más que de cualquier otra cosa». Al margen de sus amores zoofílicos, el joven declaró que sus relaciones con humanos suelen torcerse «no porque sea demasiado cerrado sino más bien por lo contrario, por demasiado abierto...No me gusta que me controlen, me llamen, me pregunten dónde estoy...»..

Un año mayor y también camarero era su pareja, Eduardo, un gaditano harto de desengaños amorosos. Cansado de dar bandazos en el amor, el andaluz busca encontrar a su pareja definitiva de una vez por todas y sentar cabeza. Pero no le salieron bien las cosas. Alberto quedó encantado con la compañía de Edu, y se marchó al baño a hablar con su madre para contarle lo guapo y lo simpático que era el gaditano. Sin embargo, a Eduardo no le gustó nada lo que estaba viendo y ya empezó la cita disgustado.

Aprovechando ese momento en el que Alberto se fue al cuarto de baño Lidia, la camarera de «First Dates», se acercó a la mesa para preguntarle a Eduardo cómo iba todo. La cara del gaditano hablba por sí sola: un gesto de asco y un movimiento de negación. Lo que Eduardo no sabía era que Alberto acababa de salir del baño y vio a lo lejos la cara que ponía. «¿Qúe te ha dicho?», le preguntó a la camarera tras salir del baño, ante lo que ella guardó silencio alegando que «no quería condicionar la cita».

Al llegar a la mesa, Alberto interroga a Edu con preguntas del tipo «¿estás cómodo en la cena?, ¿quieres seguir con la cita?», y el gaditano respondía con evasivas y sin ser del todo claro. «Yo en ese momento ya he pensado que no le he acabado de gustar». Estaba en lo cierto el onubense: Eduardo, al final de la cena, le dijo que tendría una segunda cita, «pero como amigos».