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First Dates Un comensal recuerda su mayor locura: «Me hice un piercing en el pene y fui a enseñárselo a mi madre»

Alfonso empezó con mal pie su cita con Carol, aunque luego fue capaz de reconducir la situación

CUATRO
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Un lunes más, «First Dates» volvió a sentar a cenar a una docena de solteros deseosos de encontrar el amor. El programa de citas de Carlos Sobera lleva ya casi mil programas emparejando a los personajes más insólitos de nuestro país. Uno de los primeros en llegar fue Alfonso, un pamplonés treintañero en el paro cuyo único trabajo fue en un bingo. «Soy muy exigente y tal vez ese sea mi fallo, pero no puedo evitarlo», le contó a Sobera, «ahora estoy buscando a un chico que sepa lo que quiere y que tenga estabilidad».

Para cenar con él apareció en el restaurante Maicon, peluquero brasileño de 32 años que vive en Pamplona. «Ya me he casado dos veces y he sido feliz en mis matrimonios», contó en su presentación, «creo en el matrimonio y volvería a casarme por tercera vez». El brasileñó dijo que le gustaban los chicos altos y que era una persona cariñosa y romántica.

Alfonso ya estaba sentado en la mesa cuando vio, a lo lejos, a Maicon entrando en el restaurante. Haciéndole señas a Sobera, empezó a indicarle que ya conocía a Maicon de hablar con él por redes sociales. «Lo he visto y he pensado "madre mía, este qué hace aquí"...La atracción entre nosotros ya existía», comentó Alfonso. Luego Sobera llegó a Maicon a la mesa, que también alucinó al ver a Alfonso allí esperándole: «¡Muy fuerte! ¡Qué casualidad!». Al brasileño le pareció «muy guapo en persona» el navarro y le comentó, con picardía, «que el destino nos quiere juntar».

No obstante, aunque la cena fue agradable y tuvieron mucha sintonía en varios temas, decidieron no tener una segunda cita como pareja, pero sí como amigos.

Bastante más joven era Carol, una colombiana de 21 años que estudiaba en Barcelona. «Busco a un hombre especial y atento, y me gusta también que sea alto», comentó a su llegada. Su pareja fue Jorge, un zaragozano de 26 años con un peinado imposible y lleno de pendientes. «Me encanta hacer locuras», fue lo primero que dijo, «una que recordaré siempre fue cuando me hice un piercing en el pene. Nunca se me olvidará, porque lo hice con dos amigos y a la primera persona a la que se lo enseñé fue mi madre, que quería matarme».

La cena no empezó con buen pie, pues Jorge empezó preguntando qué edad tenía Carol, y aventuró que eran 25. La cara de Carol lo decía todo, pues no le hacía ninguna gracia que le echasen cuatro años más de los que tenía. No obstante, la conversación remontó y empezó a surgir buena energía entre ambos. Hablaron sobre sus tatuajes y sus aficiones, algo que acabó por hacer la situación muy cómoda para los dos. Todo fue bien hasta el final, cuando Jorge se llevó un pequeño susto al ver que Carol ni siquiera hizo ademán de pagar la cena, asumiendo que sería él quien pagaría. De todos modos, al final él quiso tener una segunda cita con la colombiana, pero ella prefirió rehusar la oferta.