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First Dates Una comensal planta a su pareja al poco de empezar la cita: «Es que yo quiero a un Maluma en mi vida»

Julia no se esperó ni a que llegase el primer plato para decir que no quería «perder el tiempo» en su cita con Antonio

CUATRO
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Este martes rompió el hielo en «First Dates» Miguel Ángel, un transportista catalán de 49 años que contó que se «gana muy bien la vida, y a veces se me han acercado mujeres por mi nivel de vida cuando han visto mi casa o algo así». Explicó que estaba «orgulloso del rubio que tengo, porque es natural» y se definió como una persona «deportista y que se cuida». Miguel Ángel dijo que buscaba a una chica «deportista, que sea cariñosa y que le guste mucho el sexo, como a mí, y no haya ningún tabú entre nosotros. He descubierto que puedo estar toda la noche haciendo sexo».

Para cenar con él llegó Marisol, también catalana, que tenía 47 años y trabajaba como recepcionista: «Soy una mujer sensible, pero fuerte». A él le gustó de Marisol su «altura y su buen tipito» y ella lo vio como un hombre «atractivo, pero lo que menos me gusta es su rubio excesivo». Al principio a los dos se les veía muy nerviosos, pero empezaron a soltarse en cuanto pasaron a la mesa.

Allí empezaron con la habitual conversación sobre sus trabajos. «Para ser sincera, tengo que contarte una cosa», contó Marisol, «ahora se me acaba el contrato, no me renuevan y me quedo en el paro. Esto hay que decirlo y ser sincera, para que sepas a lo que te atienes». Él le quitó hierro al asunto: «Eso me da igual. Hoy tienes trabajo, mañana lo pierdes...No le doy importancia a eso».

Pasaron luego a hablar de los hijos de él, pues ella no tenía. «Te he visto un poco sorprendida», le dijo Miguel cuando le contó que tenía dos hijos. «Nó, es lo normal», contestó ella, «si la rara soy yo. No me importa que tengas hijos mientras no sean un impedimento para hacer cosas como pareja». Al poco descubrieron que a ambos les gustaba el deporte, lo que creó un nuevo vínculo entre ellos.

«¿Y ese rubio es natural?», le soltó ella. «Te lo prometo», aseguró él, «pero a veces me echo camomila para mantener el rubio de mi nuñez. No me tiño nada». Marisol concedió que no se teñía, «pero te pegas un toquecito para que te pongas más rubio». En el confesionario volvió a repetir que su rubio «es lo que menos me gusta de él, es excesivo». Pese a ese pequeño defecto, la cita siguió sobre ruedas y ambos quisieron tener una segunda cita y seguir conociéndose.

Más tarde llegó al restaurante Antonio, un cordobés de 59, que buscaba a una mujer «con gustos culturales, a la que le guste viajar y la historia». Su cita iba a ser Julia, una limpiadora cordobesa de 53 años con una hija que dijo que le gustaba «viajar e ir a la playa». Lidia, la camarera del programa, los presentó frente a la barra y la primera impresión fue nefasta para Julia: «¡Si parece un cura!», dijo entre risas en el confesionario, «solo le falta lo blanco eso en el cuello. Además, tiene el pelo teñido».

Pasaron al comedor y empezaron a conversar pero ella pronto cortó la cita. «Perdona que te interrumpa, pero es que no eres mi prototipo de hombre», le soltó a Antonio, «no sé si hablar con ellos porque no merece la pena estar perdiendo el tiempo. Perdóname, pero prefiero ser sincera y coger al toro por los cuernos». Julia llamó a Lidia y le dijo que «no me siento a gusto y no quiero perder el tiempo». Ella se levantó de la mesa y él, contrariado, no se opuso a su decisión: «Creo que he sido educado y he respetado su decisión. No es agradable, pero es lo que hay».

«Yo es que quiero a un Maluma en mi vida y no lo encuntro», se justificaba Julia en el confesionario, «hago un llamamiento a todos los hombres de España sinceros, con aspecto juvenil y que no se tiñan el pelo», acabó entre risas.