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First Dates Un comensal se pasa toda la cita vacilando a su pareja: «Conmigo así vas mal»

Jesús se pasó toda la cena haciendo bromas y comentarios irónicos que acabaron por hartar a Andrea

CUATRO
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«First Dates», con Carlos Sobera al frente, sigue empeñándose en su tarea de erradicar la soltería en España. Tarea difícil la suya, pero no es esa razón paa claudicar. Por el plató de Cuatro han pasado los personajes más excéntricos que uno pueda imaginarse, y no pocos de ellos se han ido del programa acompañados. Ninguna misión es imposible.

Llegó en primer lugar Taffy, una indígena brasileña de 33 años que vive en Barcelona, donde vive de vender objetos artesanales de su país. Más de veinte años mayor era Pere, un asesor inmobiliario que vive en Gerona y que reconoce que «siempre me he alejado del compromiso». Al catalán le interesaba mucho el origen indígena de su pareja, y ella le habló sobre su tribu y le contó que se marchó muy joven de su pueblo para venirse a España con su marido. Taffy, con dos hijos pequeños, rompió con su marido hace diez meses, un tiempo que a Pere le parece insuficiente «para romper del todo con una relación». Al final, pese a que se cayeron estupendamente y pasaron un bien rato, prefirieron no tener una segunda cita.

Para la segunda pareja llegó Andrea, una profesora de inglés valenciana de 26 años que dijo definirse como «un físico Kardashian. Digo Kardashian porque no me gusta llamarme culona, y entonces eso me parece más suave». La valenciana le reconoció a Sobera que «el amor no me ha tratado ni bien ni mal: no me ha tratado. Nunca he tenido una relación seria porque estaba acomplejada por estar muy gordita». Andrea anda buscando un chico «alegre y buena persona, que seamos como amigos pero con la complicidad de ser pareja».

Con ella iba a cenar Jesús, un madrileño de 29 años que trabaja como monitor de ensayos clínicos. «Yo soy el hombre de la barra: me pongo en la barra con la copa y espero a que ellas vengan. Lo malo es que nunca funciona», bromeó al llegar. Quedó agradado cuando vio a Andrea, pues «aunque no me esperaba nada, me ha parecido muy guapa». Desde el minuto uno se notaba que Jesús estaba allí más para hacer bromas que para encontrar el amor.

En cuanto supo que Andrea era profesora empezó a decirle que tenía que enseñarle a dibujar y a escribir, algo que a la valenciana no le cayó muy bien: «Me da la sensación de que se cachondea de la gente que estudia magisterio como si fuese pintar y colorear, cuando yo tengo la responsabilidad de asegurar el futuro de esos niños».

Luego ella le dijo, con intención de herirle en su orgullo, que si estaba en «First Dates» era porque no le había ido muy bien en el amor. «Tú que sabes, igual tengo veinte mujeres esperándome en casa», respondió. «Entonces estás perdiendo el tiempo conmigo», le cortó Andrea, que ya estaba un poco harta de las bromas de Jesús.

No obstante, él siguió con su estrategia, diciéndole que querría ser «un hombre florero. Imagínate que llegas a casa y me ves con el delantal cocinando...O mejor todavía, con el delantal y nada debajo, ¿no te haría una ilusión tremenda?». La mirada de Andrea hablaba por sí solo: «Conmigo así vas mal, no puede ser que lo estés diciendo en serio». En el confesionario, la valenciana contó que «él te vende algo que no es, va de chulo y vacilón y en el fondo seguro que no es así». La cena siguió en el mismo tono y Andrea, antes de que le preguntasen si quería una segunda cita, ya dijo que no eran compatibles, se levantó y se fue.