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First Dates El comensal más narcisista de «First Dates»: «Ha sido un poco repetitivo con sus fotos»

Yeray aburrió a Alba hablando de sí mismo y enseñándole sus sesiones de fotos

CUATRO
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«First Dates» llega al ecuador de la semana con otra docena de solteros llamando a sus puertas para encontrar el amor. Entró la primera Lucía, una camarera valenciana de 27 años con una muy alta idea de sí misma: «Sé que soy atractiva y mi personalidad ayuda a que eso sume y se me vea más guapa». Dijo también que era una persona muy exigente, pues «nunca me he enamorado, siempre me han faltado las mariposas, esos nervios...He sentido ascos, pero no esas mariposas que se sienten con el amor».

Le contó a la camarera que no «me han sabido seducir. Mi prototipo es un hombre alto, inteligente, guapo, con valores, exitoso, pintas de empotrador y con pelo». Al menos este último requisito lo cumplía José, un valenciano de 25 años que en verano trabaja en Ibiza y el invierno lo dedica a viajar. Se definió como una persona «que siempre está a la última hora y llega tarde. Yo no sé nunca lo que voy a hacer»

Ella lo caló nada más verlo, y se dio cuenta de que era «muy impulsivo, entró como el huracá Katrina». Pero en la cena se relajó un poco y tuvieron una charla con mucha sintonía. A los dos les gustaba viajar y ambos habían vivido un tiempo en Australia buscándose la vida. «¿Tú eres muy de fluir, no?», dijo ella sorprendida. También le gustó a Lucía que fuese un chico con ambiciones emprendedoras, aunque tuvo algo que objetar: «No pega mucho con su estilo de vida, ¿cómo va a emprender si en invierno se gasta toda la pasta que gana?». La cena siguió muy cordialmente y quedó claro que ambos serían muy grandes amigos, pero no prometían nada como pareja. Al final ninguno quiso tener una segunda cita, pero sí que prometieron seguir viéndose como amigos.

Para la segunda cena apareció por «First Dates» Yeray, barcelonés de 25 aos que se presentó como un modelo. «Me gustaría llegar a desfilar, de momento solo me hago fotos», confesó. Su vestimenta no parecía la de un modelo, pues llevaba una camisa blanca normalísima, pero Yeray decía de su mismo que eres «pijito, en mi ciudad si vas así es porque tienes dinero y eres pijito». Sobera no pudo reprimir una carcajada cuando le oyó definirse así: «¿Pijito tú?». Por si eso fuera poco, el joven aseguró que en «las fotos me veo siempre guapo, y es porque soy guapo».

También barcelonesa era Alba, estudiante de 21 años que buscaba a un chico «alegre, extrovertido y alto». Ya al conocer el presumió de «vivir del mundo de la moda y llevar la zona VIP de una discoteca». Pero sus chulerías no le calmaron los nervios, y acabó derramándose la copa por la camisa. Se sentaron a la cita y él se puso de inmediato a hablar de sí mismo sin que nadie le hubiese preguntado: «Yo estoy siempre con las sesiones de fotos. Mira, te voy a enseñar algunas». Y con las mismas se sacó el móvil y se puso a darle la murga a Alba con sus fotografías. «Ha sido un poco repetitivo con las fotos».

Luego Yeray empezó a presumir de su coche y a desgranar todas sus prestaciones. Alba intentó cambiar de tema y pasaron a la política, cuando ella confesó que Rufián era su político favorito. Él dijo no ser independentista, pero tampoco parecía muy interesado en el tema y lo dejó pasar. Yeray intentaba hacerse pasar por un chulo, confiado de sí mismo y ligón, pero su nerviosismo le delataba y la propia Alba se dio cuenta de que era pura fachada. «Me parece un poco niño para la edad que tiene», zanjó Alba, que no quiso tener una segunda cita.