ES NOTICIA EN ABC

First Dates El comensal más desafortunado: «Si no me hubiese contado que le dejaron plantado me hubiese ido»

Su primera pareja en «First Dates» no quiso cenar con él, y Marilia pasó al comedor solo por piedad

CUATRO
Actualizado
Enviar noticia por correo electrónico

Este martes fue en «First Dates» una noche para las segundas oportunidades, pues pasaron por el restaurante comensales veteranos que no habían tenido suerte en su primera cita. El primer veterano fue Jaime, un almeriense de 20 años que trabaja como entrenador personal. En su primera experiencia en el programa trató a su pareja con cierto desdén, y ella se marchó diciéndole que era «un capullo».

Para esta segunda oportunidad Sobera le pidió que «tratase bien a la chica», y el andaluz prometió que llegaba dispuesto a ser más educado y respetuoso con su pareja. Su chica fue Judith, una maquilladora valenciana de 20 años que dijo que no era «una chica fácil. Para cosas de una noche prefiero quedarme sola como estoy». Sobera los presentó en la barra y ella empezó preguntándole si no tenía ningún tatuaje. «Me voy a hacer uno en el culo», respondió Jaime, «va a ser un buitre».

El presentador reprendió al comensal: «Echa el freno, magdaleno, echa el freno». El andaluz se disculpó y pasaron a la mesa, donde desde el comienzo tuvieron una charla muy animada. «Siempre he soñado con casarme con un andaluz», reconoció Judith en el confesionario, «porque su acento me vuelve loca». Al poco de estar charlando él ya empezó a llamarla «guapa» y «cariño», y a Judith se la veía encantada con Jaime. «Y tú, ¿qué buscas en la vida?», le preguntó ella. «Divertirme», respondió a él, algo que a la valenciana no le gustó nada. «Me ha sonado a que quiere algo de una noche», aseguró. Pese a ese pequeño bache, los jóvenes se besaron antes de terminar la cita, por lo que el desenlace fue el esperado y se marcharon juntos del restaurante.

Bastante más mayor era Tino, un empresario madrileño de 51 años que se presentó como un hombre «de derechas, católico, futbolero y taurino». En su primera experiencia en el programa su pareja no siquiera quiso pasar a cenar con él: «Me sentí muy mal en ese momento». Le contó a Sobera que le gustaban las mujeres «con curvitas y que lleven ropa de marca, porque yo visto de marca».

Su pareja en esta segunda oportunidad fue Marilia, una alemana de 45 años que vive en un pueblo de Orense y se define como «alcaldesa y podóloga». Contó que era una mujer que «lo hago todo con pasión» y que no quería a un hombre que se «pudiese permitir viajar o ir al teatro, porque me acabaría aburriendo». Al poco de empezar a hablar Tino le contó su experiencia en la primera cita, lo que hizo que Marilia se apiadase de ella: «Si no me hubiese dicho lo de la primera cita me hubiese ido al momento». La cita estaba sentenciada desde el minuto uno.

Empezaron hablando sobre el baile, que a ambos les gustaba mucho, pero pronto salió a relucir un tema más espinoso: los toros. Sin venir a cuento, él contó que era un gran aficionado a las corridas. Ella resultó ser una acérrima antitaurina y le dijo que no sabía como podía «gustarte ver cómo matan y achicarran al pobre animal. Eso es matar al animal cobarde y egoístamente, es de ser perverso». Él intentó replicar sus argumentos, pero Marilia le dijo que era mejor «dejar el tema, porque si no vomito».

De prontó sonó la música en el restaurante y se pusieron a bailar. A ella se la veía muy incómoda, algo que confirmó luego en el confesionario: «Yo me iba más para atrás hasta que no podía más. Estaba deseando que se quedase en su sitio, pero cada vez se acercaba más». Volvieron a sentarse y ella, discretamente, le dejó caer que no iba a querer tener otra cita: «No estés tan nervioso, que sino la tercera vez que vengas no vas a llegar a ningún sitio». A la hora de la verdad, ninguno de los dos dijo querer tener una segunda cita. «No tenemos nada en común», se explicó Tino.