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First Dates Un comensal de «First Dates» es rechazado por su peluca: «Mi cara no cambia»

Luis llegó a «First Dates» con una peluca color castaño que no le gustó nada a su pareja

CUATRO
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«First Dates» regresó este lunes a las noches de Cuatro. El programa del «access» por excelencia de la segunda cadena de Mediaset volvió una noche más a la televisión, con Carlos Sobera como maestro de ceremonias.

Más de 770 emisiones, que se dice pronto, lleva el programa en emisión en Cuatro. El espacio, que ha proclamado a Sobera como el Cupido de la televisión, vivió este lunes una edición que una vez más, tuvo de todo en el restaurante de «First Dates».

Estrenó la noche Alberto, un jubilado madrileño de 71 años que llegó presumiendo de que «yo nunca lo he ocultado, porque sería ridículo ocultarlo. Cualquiera que me vea notará que tengo un ramalazo. Y algunos de ellos me dirán, como me decían en la dictadura: maricón». Sobera le preguntó cómo se sentía, y él dijo sentirse «muy femenino, siempre me ha gustado que me traten como una mujer. Si estuviese en los tiempos de ahora me habría operado. Yo me vestía de mujer, pero nadie lo sabía».

Alberto le contó al presentador que había pasado cinco años preso durante el franquismo por la Ley de Vagos y Maleantes: «Cuando hablo de ello me vienen ganas de llorar. Me hicieron muchas perrerías». Para cenar con el madrileño llegó Ramón, un gaditano jubilado de 62 años que fue muy claro definiéndose a sí mismo: «Soy fuerte en el sexo». Ya a primera vista se veían las semejanzas que había entre ambos, y Alberto confesó que «en cuanto lo he visto aparecer he dicho "vaya pluma", vaya dos plumeros que hay en la mesa».

A los dos les gustaba sentirse únicos, por eso no estaban cómodos cenando con una persona tan parecida. La conversación no fue fluida, las palabras salían con sacacorchos y hablaban casi para cumplir con su papel. No hubo ninguna chispa en los primeros compases de la cena y nunca llegó a remontar. Como amigos tal vez vayan a tener futuro, pero ninguno de los dos quiso darse una segunda oportunidad como pareja.

Algo más joven era la segunda pareja de la noche. Luis, un peluquero barcelonés de 59 años, llegó con una peluca color castaño para tapar su calvicie. El catalán no se molestó en ocultarlo, pues se notaba claramento que el pelo no era suyo. Luis le contó a Sobera que ha pasado «muchas decepciones amorosas y ahora busco a la persona de mi vida, que me de estabilidad».

Esa persona podría haber sido Karen, pero desde el primer momento quedó claro que no lo sabía. También peluquera y también barcelonesa, Karen en cuanto vio a Luis dijo que habría querido «cerrar la puerta nada más verlo». No le pasó inadvertida la peluca de su pareja y le dijo que le veía «un poco raro con ese pelo que no es tuyo».

La cita estaba sentenciada desde el comienzo, pues Karen quedó horrorizada con su pareja. «Aunque tenga esta peluca mi cara no cambia, es la que tengo», le comentó Luis. Karen hubiese preferido ver a Luis sin peluca, e hizo un llamamiento a «todos los calvos del país, que me encantan todos». No obstante, él no perdió los ánimos: «Mi plan perfecto sería un día de playa contigo». Karen ya no sabía dónde meterse y estuvo contando los minutos hasta que la cita llegó a su fin.