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First Dates

Una comensal de «First Dates» indigna a su pareja con su defensa del porno y la prostitución

Regine llegó a abandonar la cita al sentirse incómoda con su pareja

Beni estaba completamente en desacuerdo con las palabras de Princesa sobre el feminismo - CUATRO
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«Los solteros de First Dates son de enamorarse hasta durmiendo». Así anunciaba en Twitter el programa de Cuatro su sesión de este martes. En efecto, mientras haya solteros obsesionados con «encontrar el amor» la permanencia del programa de Carlos Sobera está garantizada. Siendo así, todo indicada a que tendremos «First Dates» para rato.

El gancho del programa está en la diversidad, en la amplia gama de parejas que intentan enamorarse delante de millones de españoles. Si el espectador pone Cuatro en busca de ternura y de parejas poniéndose ojitos, lo encontrará. Si el espectador, que es lo más común, busca morbo, excentricidad y extravagancias, lo hallará con creces. Y van ya la friolera de 684 programas, una cifra de la que muy pocos formatos pueden presumir.

El programa de este jueves fue distinto a los demás. Esta vez fueron los propios comensales los que debían traer la comida hecha de casa para conquistar a sus parejas. «First Dates A Bocados» llamaron al invento. Las situaciones a las que dio lugar tal dinámica fueron esperpénticas.

Para la primera llegó Irene, una estudiante de periodismo de 23 años que entró defendiendo la importancia de la novela erótica: «Todo el mundo debería leerlas, para ver si así se les abre un poco la mente...». También reconoció ser una chica coqueta, que por nada del mundo sale de casa «por lo menos, con los labios pintados». De la misma edad era Kuko, un fotógrafo granadino que reconoció, en una tautología sin igual, «ser borde porque soy chulo». Ya nada más sentarse Kuko le dijo a su pareja que su decisión de ir a «First Dates» empezó con un «no hay huevos», algo que no le gustó mucho a Irene, aunque ponto reconoció «que Kuko es un amor de chico».

La conversación fue dinámica y agradable, y a lo largo de la cena fueron descubriendo la cantidad de cosas que tenían en común. Su forma de afrontar la vida y, sobre todo, su moda de entender el amor era muy similar, algo que generó una cierta armonía entre ambos. Al final, Kuko no tuvo dudas y quiso tener una segunda cita, mientras que Irene recurrió al comodín del «sí, pero como amigos».

Poco después apareció en el restaurante Alberto, un restaurador asturiano de 56 años cuya única pasión es la caza, que practica todos los fines de semana. Para hacerle compañía llegó Carmen, una auxiliar de enfermería alicantina de 57 años que se lamentó de «hablar mucho, mucho...Estoy todo el rato hablando y hay gente que se cansa». En el amor la alicantina tenía muy claro lo que buscaba: «Un hombre al que poder cocinar. Y que también me cocine, claro».

Apenas llevaban unos minutos sentados en al mesa cuando se preguntaron sobre sus aficiones. El asturiano habló con pasión de la única que tiene, la caza, algo que no le gustó a Carmen: «Casi me atraganto», confesaría más tarde. «Pero, ¿entonces tú eres animalista?», le preguntó Alberto. Ella replicó diciendo que simplemente no quiere «que los animales sufran y que nadie les haga daño, y eso que haces de cazar así porque sí...». Pese a ese roce inicial la conversación prosiguió con amenidad.

Para la última cita de la noche llegaron dos individuos difíciles de clasificar. De hecho, ellos mismos preferían no definirse ni estancarse en un género determinado. Por un lado estaba Beni Blowjob, un modelo madrileño de 26 años, y por el otro Apuesta Princesa, una diseñadora gaditana de 21 años. Para esta última el feminismo militante es una parte fundamental en su vida, por lo que buscaba una persona con unas ideas muy semejantes a las suyas.

Llevaban poco tiempo cenando cuando Princesa sacó el tema del feminismo y empezó a hablar de la prostitución y el porno: «Deberían estar incluidos en el feminismo». A Beni le indignaron sus palabras, pues las consideraba fuera de lugar y ajenas al feminismo. A su vez, Princesa se sintió ultrajada por lo que había dicho Beni, por lo que decidió abandonar el restaurante.