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First Dates Una comensal de «First Dates» descubre la grave mentira que le contó su pareja

Miguel intentó quitarse años, pero pronto Ana se dio cuenta de que le había mentido

Miguel presumió al llegar a «First Dates» de no aparentar la edad que tiene - CUATRO
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En «First Dates», el programa diario de citas que emite Cuatro, no conocen el descanso, y de lunes a viernes llenan todas las mesas del «restaurante del amor» regentado por Carlos Sobera. La historia del amor es tan larga, o más, que la de la humanidad, así que cabe pensar que «First Dates» va a tener material suficiente para seguir emitiendo varios miles de años más, tirando por lo bajo.

La noche empezó con una pareja joven, de 27 años él y 24 la chica. Jair es un inmigrante colombiano que trabaja como futbolista y que vive entre Madrid y Toledo. Tal y como él mismo se define, Jair dice ser «un guerrero, porque consigo todo lo que me propongo». Para hacerle compañía llegó Patricia, una maquilladora zaragozana que confesó estar soltera porque «nadie me llena, además le dedico mucho tiempo al trabajo». La primera impresión fue excelente, especialmente por parte de Patricia, que dijo de Jair que «huele bien, tiene tatuajes y me pareció un chico muy simpático». Todo fue bien durante la cena, y al final los dos quisieron darse la oportunidad de tener una segunda cita.

La segunda pareja de la noche subió considerablemente la media de edad. Llegó antes la mujer, Ana, una monitora barcelonesa de 69 años que aseguró ser «una mujer muy divertida, muy activa y muy movida, por eso busco un hombre que sea como yo, que no esté todo el día en casa». También barcelonés era Miguel, de 74 años, que dijo ante las cámaras que «la chica 10 no existe. No existe el hombre ni la mujer perfecta. Yo soy un hombre con mucha personalidad y busco a una persona femenina, que le guste la cultura y que sea noble». En cuanto conoció a Ana presumió de su excelente forma física, informándole de que él va «a la playa en tanga, porque no aparento la edad que tengo y me conservo muy bien».

La cena, aunque educada y correcta, no fue muy allá. Ya desde el comienzo Ana se quejaba de que Miguel no escuchaba, que solamente hablaba él y no prestaba atención a lo que ella decía. Apenas acababan de sentarse a la mesa cuando salió el tema de la edad, y Ana reconoció sin avergonzarse sus 69 años. No obstante, Miguel, a pesar de presumir de su aspecto, no fue sincero con su edad: «Pues tengo 70», dijo, cuatro menos de los que realmente tiene. Pero antes se coje a un mentiroso que a un cojo, y así fue también en este caso. Ana le dijo antonces que ambos eran del 48, en referencia al año en que habían nacido, pero él no pilló sus palabras y se delató a sí mismo. Incluso Sobera se acercó a la mesa para dejarle un recado al barcelonés: «Lo de tu edad es un misterio que solamente Iker Jiménez va a poder descubrir».

Al final, aunque él sí que quiso verse de nuevo con Ana, ella recurrió al comodín de «sí, pero como amigo».