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First Dates Una comensal de «First Dates» alucina con su pareja: «Nunca había encontrado a un personaje así»

Tania no se aburrió en su cita con Carlos, un pintor vallisoletano que se veía a sí mismo como «el pequeño Dalí de Valladolid»

CUATRO
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«First Dates» regresó este lunes a las noches de Cuatro. El programa del «access» por excelencia de la segunda cadena de Mediaset volvió una noche más a la televisión, con Carlos Sobera como maestro de ceremonias.

Más de 800 emisiones, que se dice pronto, lleva el programa en emisión en Cuatro. El espacio, que ha proclamado a Sobera como el Cupido de la televisión, vivió este lunes una edición que una vez más, tuvo de todo en el restaurante de «First Dates».

Uno de los primeros en llegar fue Freddy, un guipuzcoano de 60 años que anunció muy orgulloso que era poeta, «desde hace un año. Y he traído aquí un poema para mi pareja». Freddy, que lleva ya unos años divorciado, dijo andar buscando una persona que le hiciese compañía para pasear e ir al cine. Su pareja, Esther, llegaba desde Vitoria pregonando que «estoy en el mundo de las redes sociales. Y creo que allí hay gente maja y otros que solo se quieren acoplar a la chepa y mejor se quedarían en la caseta de la perro». Esther dejó claro desde su presentación que ella no era una mujer que se mordiese la lengua.

En cuanto Esther llegó al restaurante Sobera le mostró el poema que Freddy le había dejado, y ella respondió que «no me gusta la poesía porque la veo un poco extraño». Ella se sentó a la mesa ya con mala predisposición y no mostró mucho interés en conocer a Freddy. La conversación fue bastante incómodo, muy fría y sin sustancia. Pero poco a poco Esther empezó a ablandarse «es un hombre majo y agradable», dijo ella. Hablaron de sus recetas para las torrijas y ahí empezaron a entenderse y a reírse un poco. El guion giró radicalmente y los dos acabaron dándose una segunda oportunidad.

Poco después apareció Carlos, un «artista multidisplinar» de 39 años que parecía estar en «First Dates» más para hacer una performance que para encontrar pareja. «Soy actor y director de teatro y pintor de cuadros surrealistas», le dijo a Sobera, «soy el pequeño Dalí de Valladolid y soy una caja de sorpresas». Empezó a alabarse a sí mismo diciendo cosas como que «a la gente le encanta estar conmigo» o «yo siempre he sido el guapo de mis parejas».

La persona que iba a cenar con él, Tania, no parecía pegar ni con cola con el pintor. Esta dependienta de 33 años aseguró ser «la cierradiscotecas, desde los 18 años hasta ahora, que sigo igual». En el mismo momento en que vio a Carlos ya dijo que no le gustaba «ni cómo viste, ni cómo lleva el pelo ni su estilo en general». Por su parte, él dijo haberse sentido decepcionado «con su delantera, pero he querido seguir conociéndola».

Se sentaron a cenar y Carlos empezó a hablar sin apenas dejarle tiempo a Tania. El vallisoletano se puso a cantar y a darle la lata a Tania con su arte. «Llegó un momento en el que ya no sabía ni dónde mirar», confesó ella, «yo creo que todo lo que ha dicho se lo inventó: que ni pinta, ni ha tenido jamás pareja ni nada...No me había encontrado a un personaje así en mi vida». Ya tras los postres, Carlos se levantó y empezó a bailar entre las mesas del restaurante. Al final, aunque él dijo que sí quería una segunda cita, ella alegó que «no somos afines».