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First Dates Un comensal se come el postre de su pareja para no pagar por el suyo: «No soy tacaño, pienso antes de actuar»

Miguel Ángel metió la cuchara en el plato de su pareja porque «a ver si me van a soplar veinte euros por el postre»

CUATRO
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Como casi todos los días, este jueves fue a «First Dates» a buscar el amor un personaje muy peculiar. Miguel Ángel, un montador barcelonés de 28 años, que se presentó de una forma un tanto peculiar: «Yo pienso antes de actuar, y por eso soy muy catalán. La gente me dice que soy muy tacaño, muy catalán, y yo respondo "bueno, yo pienso antes de actuar"».

El comensal se puso a explicar en detalle ese rasgo de su personalidad, y le contó a la camarera que él tenía «pocos caprichos, pero los tengo caros. Y con esas cosas no soy tacaño». A Miguel Ángel, según dijo, no le gusta «gastar el dinero en cosas simples. Por ejemplo, no es necesario ir a la discoteca y gastarte cuarenta euros en cubatas, no es necesario ir al cine todos los días, no es necesario viajar a la otra punta del mundo».

Contó también que solo es generoso con alguien «si se lo merece» y comparó a una mujer con su moto: «A una moto tienes que echarle gasolina, pero a una mujer tienes que llevarla a comer». Reconoció que era «bruto diciendo las cosas y cuesta aguantarme. Las mujeres se sienten ofendidas cuando les dicen la verdad».

Su pareja fue Sonia, una barcelonesa de 27 años que acaba de empezar a trabajar como reponedora en un supermercado tras abandonar su anterior empleo: «Necesitaba una vida nueva». También contó en su presentación que «uno de mis mayores sueños es viajar por todo el mundo».Un sueño que Miquel Ángel, seguramente, consideraría «no necesario».

La primera impresión fue positiva, y a él le pareció que Sonia estaba «muy bien». En cuanto se sentaron a la mesa él empezó a demostrar cómo de cierto era eso de que es «bruto diciendo las cosas». Le preguntó a Sonia cuánto pesaba y después cuánto medía, y ella se negó a responder. «No es conveniente preguntar eso en una primera cita», le reprochó desde el confesionario. Poco después, sin venir a cuento, le preguntó a Sonia si le gustaban las mujeres.

La conversación pasó luego a los hijos y, mientras ella quería tener dos hijos, Miguel Ángel prefiere no ser padre. Cuando llegaron al postre, a él se le encaprichó el postre de ella y le pidió probarlo. Miguel Ángel llamó al camarero para pedir otro postre igual pero, cuando le dijo que tenía que pagarlo, decidió tirar del de su pareja. Se puso a meter la cuchara en su plato, y ella le lanzó una indirecta muy clara: «Yo no suelo compartir la comida». Él respondió tajante: «Es que no lo he pedido porque he pensado que igual me soplan veinte euros por el postre».

A la hora del desenlace, aunque él quiso tener una segunda cita con Sonia, ella dijo que había habido muchas cosas que «no le encajaban» y declinó su ofrecimiento.