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First Dates Una comensal se centra en su comida y pasa totalmente de su pareja

Soledad ya había pasado por «First Dates» hace unos meses con unos resultados igualmente desastrosos

CUATRO
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Una docena de solteros afrontaron este martes su oportunidad de empezar la temporada con pareja. «First Dates» sigue empeñado en emparejar a los españoles más excéntricos de nuestro país. Carlos Sobera hace de anfitrión en el apodado como «restaurante del amor», el espacio diario de Cuatro para los vagabundos del amor. «Este no es un restaurante cualquiera», recuerda siempre Sobera al empezar el espacio de Cuatro. Como viene siendo habitual, «First Dates» no defrauda a la hora de mostrar al espectador lo más granado de la sociedad española.

Empezó la noche Alicia, una malagueña de 26 años que ya había pasado por el programa pero su cita resultó un desastre. «Soy una castigadora porque digo las cosas muy claras», explicó, «y el chico de la otra vez no me gustó nada y se lo dije todo a la cara: que era un trolero, un chulo y que tenía faltas de ortografía...Yo es que no me callo nada». Su pareja fue Sebastián, un empresario sevillano de 30 años muy musculado que se presentó diciendo que «mi imagen es de golfo, chulo y mujeriego...Pero cuando las mujeres me conocen les callo la boca».

La primera impresión fue positiva por las dos partes, aunque ella receló un poco de su origen sevillano: «Eso me recordó que el otro era de Sevilla, y como sea igual que él...», A Sebastián le preocupaban otros asuntos, y comentó ante las camáras que Alicia «tiene buenos meloncitos y yo soy de tetas gordas...Pero si se diese caña y se pusiese un poco fitness ya sería espectacular». La conversación fue agradable y los dos se rieron muchos, aunque no faltaron las pullas mutuas por sus respectivas ciudades: él criticó la playa de Málaga y ella la feria de Sevilla.

Todo fue sobre ruedas durante la cena, incluso ella en un punto de la conversación reconoció que Sebastián «consiguió ponerme nerviosa y todo...». Él también estaba muy satisfecho con su cita, y antes del postre ya estaban haciendo planes de futuro. Al final, los dos se dieron el sí y se besaron ante las cámaras.

La segunda pareja de la noche subió la media de edad. Ramón, un jubilado de Mataró de 69 años que en su presentación ya mostró sus credenciales políticas: «Soy republicano independentista de izquierdas, y si viene una mujer que no tenga mi forma de pensar, es decir, que sea españolista...pues tendría que ser muy especial para que yo la aceptase». Ramón se sentó a cenar con una charnega, Soledad, que nació en Extremadura pero vive en Cataluña. Esta mujer ya había pasado por el restaurante hace unos meses, y destacó por dedicarle más atención a su comida que a su pareja.

Parecía que esta vez Soledad venía con la lección aprendida y dispuesta realmente a encontrar el amor. Pero durante la cena demostró no tener ningún interés por los hombres, algo que explica que nunca en su vida haya tenido pareja. Ramón demostró ser un hombre afable y educado, pero a Soledad solamente le importaba lo que tenía en el plato. Una y otra vez intentó él sacar conversación para que ella se sintiese cómoda, pero fue imposible,

En el momento de la decisión final, Soledad, sin ponerle muchas ganas, respondió con un «vale» a si quería tener una segunda cita. Ramón, por su parte, aunque dijo que ella le había caído muy bien, no llegó a sentir nada por una mujer que se sentaba delante suyo pero apenas había pronunciado palabra.