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First Dates Un comensal boicotea la cena de la mesa de al lado: «¡Te voy a hundir la cita!»

Francisco llegó a «First Dates» con más ganas de dar espectáculo que de encontrar el amor

CUATRO
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«First Dates» arrancó este jueves con el mismo ímpetu con el que terminó anoche. No remite la marea de solteros desesperados a la busca del amor que llaman a la puerta del restaurante de Carlos Sobera para intentar resolver su gran problema: la soledad. Son ya muchas más de 761 las noches que «First Dates» lleva en antena en Cuatro y no parece que vaya a terminarse pronto, pues cada día decenas de solitarios aparecen por allí en busca de su alma gemela.

Para darle un poco más de interés a la noche, el equipo del programa le pidió a los comensales que llevasen al restaurante la comida para su pareja. Así tendrían la oportunidad de enamorar a su cita por el gusto, y no solo por el oído. Uno de los primeros concursantes en llegar fue Jorge, un peluquero valenciano de 20 años que ya había pasado por «First Dates» hace casi un año. En aquella ocasión, el valenciano acabó besándose con su pareja por el suelo del restaurante, pero luego la historia no cuajó después.

Dice Jorge que en estos últimos meses ha cambiado mucho porque «antes era mucho más promiscuo en cuanto al sexo y ahora valoro más una mirada, una palabra, una acción...». Lo que no ha cambiado es el color de su pelo, que sigue siendo de un rojo intenso. Cuando Jorge estaba hablando con Sobera junto a la barra, apareció por la espalda Francisco, el estudiante castellano con el que el valenciano había tenido su cita hace unos meses. «En aquel momento me dejé llevar, pero tú estás obsesionado conmigo. ¡Estoy harto de ti!».

Francisco aseguró ante Sobera estar «locamente enamorado de él, pero no me da lo que me tiene que dar en la cama. Sé que él no me quiero, y me tengo que hacer a la idea». Francisco parecía estar allí para montar un espectáculo, y le gritó a Jorge «¡si te encantan mis tetas!». El castellano llevaba una chapa con el mensaje de «Soy virgen» porque, aseguró, «así se liga más».

Para cenar con Jorge llegó Fernando, un ayudante de cocina madrileño de 23 años que se presentó diciendo ser «muy romántico, tal vez demasiado». Se sentó a la mesa con el valenciano y a pocos metros tomó asiento Francisco, que le gritaba a Jorge «¡te voy a hundir la cita!». En un primer momento, Jorge y Fernando se gustaron, pero poco a poco se fue deshaciendo el hechizo. A Fernando le pareció muy mal que no le haya cocinado un buen menú y confesó que no le gustaba que quisiese «estar siempre llamando la atención».

Durante la cita Francisco se levantó varias veces para interrumpir la cena vecina, cogiendo a Fernando del hombro y advirtiéndole a este que «tuviese cuidado con Jorge». «Eres muy molesto», se quejó Fernando. A cenar con Francisco llegó Antonio, un alicantino de 27 años que no le gustó al castellano: «Me dio envidia de Jorge porque el suyo estaba más bueno que el mío». Nada más sentarse Antonio, Francisco le advirtió de que «lo único que quiero es que a ese de abajo le vaya mal su cita, porque es mi ex».

Francisco no estaba interesado en la cita en absoluto, sino en llamar la atención. «Es un chico que no está centrado, que solo aspira a liarla y ese tipo de personalidades no me gustan», explicó Antonio. Además, Francisco había traído una lata de mejillones para que cenase su pareja, que era vegetariana. «Pero aunque seas vegetariano te gustarán las tetas, ¿no? ¡Que sin preciosas», dijo desabrochándose la camisa, «como una buena comida de tetas no hay otra cosa en la vida».

En ese momento Antonio vio que la cita no iba a ninguna parte, y por eso dijo que se iba al baño para marcharse a su casa. En la otra mesa las cosas no fueron mucho mejor, y ni Fernando ni Jorge quisieron darle una segunda oportunidad a su pareja.