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First Dates Una comensal amenaza a su pareja: «En la calle te vas a enterar»

Patricia vive enfadada con el mundo y no se molestó en ser agradable durante su cita en «First Dates»

CUATRO
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A Carlos Sobera y los suyos se les acumula el trabajo. Decenas de solteros llaman a diario a las puertas de «First Dates» con la esperanza de que en «el restaurante del amor» también ellos tendrán suerte. «Este no es un restaurante cualquiera», recuerda siempre Sobera al empezar el espacio de Cuatro. Como viene siendo habitual, «First Dates» no defrauda a la hora de mostrar al espectador lo más granado de la sociedad española. El aficionado al formato sabe que no sabe lo que puede esperarse de una cita de «First dates»: los seres más diversos y extravagantes que pueblan nuestro país se dan cita, y nunca mejor dicho, en el programa de Sobera.

La encargada de romper el hielo fue Patricia, una estudiante sevillana de 19 años que vive enfadada con el mundo: «Yo me enfado con nada, debe de ser por todo el tiempo que llevo aguantando gilipollas». Debido a su carácter difícil, Patricia dice tener «solo un amigo, pero él sabe llevarme y sabe lo que tiene que decirme y lo que no». La joven buscaba en «First Dates» un hombre «que me haga reir, con carácter pero no demasiado».

A cenar con ella llegó Jonatan, un camarero sevillano de 26 años que se presentó diciendo que le gustaba mucho «el cachondeo y las bromas». Patricia, sin dejar de fruncir el ceño, saludó a su pareja pero reconoció ante la cámara que «no me gustó nada el notas, pero nada de nada». La sevillana apenas habló en la presentación y él se esforzó por sacarle palabras, pero sin demasiado éxito.

La cena siguió de ese tono, sin que Patricia pusiese demasiadas ganas. Él siguió tratando de ser amable y acabó diciendo que «me pareció una falta de respeto, yo intentando hablarle y ella mirando para la copita». No hay respuesta. «Te gusta hacerte la loquita, ¿eh?», siguió Jonatan ya de mal humor. Al cabo de un rato empezaron a discutir sobre el color de un refresco de naranja, que Patricia veía amarillo. Ella empezó a enfadarse porque Jonatan le llevase la contraria: «¡Minipolla! A mi no me lleves la contraria, mongolo, que te enteres que es amarillo». Él siguió negándole que el refresco fuese amarillo, y Patricia decidió tirar de amenaza: «En la calle te vas a enterar, te voy a esperar a la salida». «¿Como cuando teníamos 15 años?», se burló él. Al final, tras una tanda de reproches y discusiones, cada uno se volvió a Sevilla por su lado.

Bastante más sinergias hubo en la siguiente pareja. Llegó primero Alexia, una vidente madrileña de 47 años a la que le gustaba «la vida lúdica, disfrutar y aprovechar el tiempo». Pese a ser vidente no sabía cómo le iba a ir la cita pues «aquí vengo como persona, no como vidente». Respecto a sus gustos, dijo preferir «hombres bisexuales, porque tienen más energía femenina, antes que al típico macho ibérico». Su pareja era David, un naturista catalán de 49 años que aseguraba estar «liberado de todos los condicionantes y las pautas mentales».

Ambos compartían interés por asuntos místicos y espirituales, asi como inquietudes ecológicas. «Me parece un chico sensible e interesante», dijo Alexia, mientras que él pensaba que «tiene la mente abierta y va más allá de lo convencional». Pese a todas estas semejanzas, al final Alexia prefirió que siguiesen su relación como amigos.