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First Dates Carlos Sobera, a punto de morder el polvo en el restaurante de «First Dates»: «¡Casi me mato!»

Sobera iba a presentar a dos comensales cuando tropezó con la alfombra del restaurante

CUATRO
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Una semana más, «First Dates» no faltó a su cita con los solteros más desesperados de nuestro país y Carlos Sobera ejerció de anfitrión para ayudarles a encontrar el amor. Con la esperanza de conseguir su objetivo en pleno llegó al restaurante José David un valenciano como 39 años que regenta un «grow shop», un establecimiento que vende todo lo necesario para el cultivo de marihuana.

«Busco enamorarme y encontrar algo estable, porque hasta ahora casi todas mis relaciones han sido cosas rápidas», explicó en su presentación. Se definió como una «persona extrovertida y sé hacer un poco de todo». En «First Dates», detalló, buscaba a una mujer que «empezase enamorando por el estómago, es decir, una buena cocinera, y que quiera formar una familia».

Para cenar con el valenciano llegó desde Alicante Merche, una empresaria de 33 años que gestiona un centro de belleza. «Todo el mundo quiere que me eche un churri», confesó, «pero yo soy muy exigente y no me gusta cualquiera. Necesito que haya chispa». Se conocieron en el vestíbulo y empezaron a hablar con Sobera como testigo. La cosa no empezó con buen pie, pues él le echó a Merche 35 años y a ella le sentó muy mal: «¡Si aparento 26!».

Pasaron a la mesa y allí empezaron a hablar con menos tensión. Charlaron sobre sus trabajos, sus relaciones pasadas y sus aficiones. Cuando hablaban de esto último, él le contó que vivía «en un palacete que yo mismo me construí a mi gusto. Son 400 metros cuadrados en cuatro plantas con jacuzzi, cine y discoteca». Merche le preguntó: «¿Sabes cuánto mide mi casa? ¡29 metros cuadrados! Y se vive muy bien en ese espacio, lo tienes todo organizado». «Eso es lo que mide la habitación de mi hijo», detalló José David, «mi casa es grande, pero a veces me gustaría llenarla con más personas». La conversación siguió con fluidez y buena sintonía, pero al final ninguno de los dos quiso tener una segunda cita.

Poco más tarde llegó Victoria, una estudiante madrileña de 22 años. «Soy sincera, un poco negativa y sexualmente abierta», se presentó, «hasta ahora solo he salido con chicos, porque siempre me han gustado, pero ahora quería probar con chicas para ver qué tal iba». Sobre sus pasiones, contó que le gusta mucho «el mundo Disney, sobre todo Frozen».

Su pareja fue Paula, una estudiante madrileña de 20 años, que contó que «la mayoría de gente que he ido conociendo me aburre, y busco a alguien que me de vidilla». Sobera fue a recibirla a la puerta del restaurante y, cuando se dirigían a la barra donde aguardaba Victoria, el presentador se presentó y a punto estuvo de irse al suelo: «¡Casi me mato!». Ellas empezaron a reírse y el incidente les sirvió a ellas para para romper el hielo.

«¿Esto es una toma falsa?», preguntó Victoria entre risas. Matías, el camarero, le pidió que fuese «la última vez que me das este susto». «Me acabas de dar un infarto terrible», contó Paula, «se me ha agarrado al hombro, ha sido impresionante». Sobera matizó: «Lo que es impresionante es lo ágil que estoy. He dado un salto del tigre espectacular».

Una vez repuestas del susto, las jóvenes pasaron a la mesa para tener su cita. La cosa fue sobre ruedas desde el principio, pues ambas se compenetraron a la perfección y tuvieron una cita muy distendida. Después del postre, en el reservado del restaurante, se besaron apasionadamente para ponerle el broche de oro a su cita. Al final, ambas decidieron tener una segunda cita para seguir conociéndose.