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First Dates Asko, el «drag engendro anarquista» que quiere abolir el trabajo y el género

Su pareja fue la también drag Nikita Miami, aunque desde el primer momento quedó claro que no tenían futuro como pareja

CUATRO
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Una noche más Carlos Sobera volvió a ponerse al frente de «First Dates», el programa de citas que ya lleva casi tres años emitiéndose a diario en Cuatro. Llegó muy ilusionada a la cita Sandra, una joven madrileña de 25 años que trabaja en una sala de bingo y que admitía no tener mucha mano con los hombres. «La culpa de estar sola es mía», reconoció en su presentación, «la gente piensa que soy tonta y borde, y en parte tienen razón».

Por otra parte, se mostraba orgullosa de sí mismo pues, según explicó, «cuando me empeño en algo, lo consigo». Sandra confesó que buscaba a un chico «hablador, porque plantas ya hay muchas, y que tenga tatuajes, aunque si no los tiene no pasa nada». Cuando Sobera estaba conversando con Sandra en la barra, sonó el teléfono del presentador. Al otro lado estaba Israel, el que iba a ser la pareja de Sandra: «He tenido un accidente de tráfico y siento no poder ir. Pero he tenido un buen golpe, me ha saltado el airbag y todo».

Sobera le deseó una pronta recuperación y le pasó el teléfono a la afectada, a quien Israel la tranquilizó diciéndole que estaba «bien, pero muy dolorido. Estaba en una gasolinera y me arrolló un coche». Sandra reconoció que se había quedado «impactada, porque no me lo esperaba y no he sido capaz de preguntarle nada de su físico. Pero la voz la tiene bonita, estoy dispuesta a esperarle para conocerlo». Sobera le agradeció a Israel «el detalle de haber llamado para hablar con Sandra» y le deseo una pronta recuperación.

Algo más tarde llegaba al restaurante uno de esos tipos extravagantes que le dan sabor a «First Dates». Miguel, de 30 años, es logroñés de nacimiento pero vive en Madrid, donde trabaja como psicólogo y presenta sus espectáculos de «drag-engendro». Y es que el aspecto del comensal era bastante grotesto, y él mismo explicó de dónde venía su inspiración.

«La sociedad me da asco, y yo soy un dag asqueroso, un drag-engendro», contó, «me gusta hacer arte de lo feo y todo me parece una mierda. Asko se fundamenta en todo lo que la gente dice que no le gusta pero que en verdad sí le gusta». Asko siguió con su monólogo y le contó a Sobera que reivindicaba «la desaparición del trabajo, porque odio el trabajo. Mi vocación es la de jubilado». Su otra bestia negra era el género: «Tiene que desaparecer, porque es algo que el sistema nos ha insertado en la cabeza. Me considero una drag anarquista».

Su pareja fue Nikita Miami, también drag queen, ella madrileña de 25 años: «Yo busco a una persona que me potencie todo lo que hago». Asko se dio cuenta a primera vista de que sus estilos eran muy diferentes: «Se maquilla perfectamente. Tiene un estilismo elegante y es muy mona». La opinión de Nikita Miami fue muy distinta: «Me ha parecido bastante cutre en comparación con como soy yo».

La conversación empezó por sus experiencias como drags. Nikita, en el confesionario, reconoció que «él tiene un concepto de drag más oscuro que no me gusta nada. Y no quiero ser hiriente, pero Asko como drag queen tiene mucho que mejorar». La charla fue disendia y agradable, pero desde el primer momento quedó claro que no tenían futuro como pareja y el desenlace fue el esperado.