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La ficción española es machista

Un estudio de la Unión de Actores desvela que tanto en cine como en televisión hay menos personajes femeninos

Cuca Escribano en los Goya
Cuca Escribano en los Goya - Belén Díaz y De San Bernardo
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La Unión de Actores y Actrices presentó ayer un informe elaborado por Aisge (Artistas Intérpretes Sociedad de Gestión) que no deja bien parada a nuestra ficción, por otra parte floreciente. El trabajo refleja la presencia de la mujer en la series y películas españolas estrenadas entre 2014 y 2016. La muestra solo podría ser más amplia si nuestra industria fuera más potente: se han analizado 301.912 personajes correspondientes a 16.774 largometrajes y episodios, proyectados en cine o emitidos en alguno de los 95 canales analizados.

El análisis es menos superficial de lo habitual; se ha tenido en cuenta, además del número, la relevancia y edad de los personajes, a partir de los datos proporcionados por la propia Unión, el ICAA y Kantar Media. La principal conclusión es que el cine español sigue siendo machista y, solo un poco menos, también nuestra televisión.

Tres hombres y una mujer

Como detalle poco estético a la hora de hacer público un informe de esta naturaleza, cabe destacar que lo presentaron tres hombres y una mujer, con una desproporción aún mayor que la denunciada. Iñaki Guevara, secretario general de la Unión de Actores; Abel Martín, director general de Aisge; Francisco Giménez, director de Reparto de Aisge; y Anahí Beholí, secretaria de Comunicación de la Unión, detallaron la significativa desigualdad que sufren nuestras actrices.

En resumen, los personajes femeninos no solo presentan un menor número respecto a los masculinos, sino que también son menos relevantes. En el apartado cinematográfico, los femeninos representan el 38% del total de interpretaciones. No solo eso. Las mujeres son «abiertamente minoritarias en todos y cada uno de los rangos de relevancia». Las protagonistas representan el 34% y las actrices secundarias alcanzan el 40%.

Otro dato demoledor es el maltrato a nuestras actrices en cuanto dejan de ser jóvenes. Se ha comprobado que sus oportunidades se reducen a medida que cumplen años. Las mayores de 45 lo tienen crudo, dicho llanamente, ya que logran el 24% de papeles principales. Ni siquiera las secundarias lo tienen mucho mejor: suman el 29%. Solo las menores de 35 alcanzan cierto equilibrio y estiran la cifra hasta el 42% en el caso de las protagonistas y al 49% entre los papeles de reparto.

Para la Unión de Actores, estos datos prueban que el cine español mantiene «arquetipos de personajes femeninos ligados a la juventud y la apariencia física, en contraposición con la situación de los papeles masculinos, en los que la distribución por edades resulta, por lo general, más uniforme».

La mejora de las series

En las series la desigualdad es menos trágica, pero la televisión no se libra de la acusación de machismo. El único dato positivo es que la evolución es ligeramente favorable y las cifras tienden a igualarse, año a año.

En general, los personajes femeninos representan el 45% del total de interpretaciones en la ficción televisiva. Aquí no hay apenas diferencias entre papeles principales y secundarios (47% y 46%, respectivamente). El estudio explica que en televisión, al contrario que en los largometrajes, no abundan los protagonistas absolutos, «con intervención igual o superior al 50% de las secuencias». Por esta razón, en las series predominan los personajes conocidos como principales, o de protagonismo compartido, así como los secundarios. En lo que no «falla» la tele es en reproducir el castigo a las actrices menos jóvenes. A partir de los 45 años su representación baja al 39%, «lo que implica que sus compañeros actores de misma edad las superan en veinte puntos porcentuales».

Las actrices menores de 35, en cambio, incluso superan a los actores de la misma edad y representan el 54% del total. La tendencia es positiva, subraya el estudio, aunque evidencia que se mantienen los arquetipos.

Los datos también muestran con claridad que las tramas argumentales continúan relegando a las mujeres a una segunda posición, de mero apoyo al desarrollo de la acción principal, liderada casi siempre por hombres. Esta situación resulta mas evidente y preocupante en géneros como el thriller o el drama, frente a la comedia, donde las actrices sufren una discriminación menor.