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Eduardo Casanova: «Necesito rodar continuamente. Si no, me deprimo»

El director y actor habla de sus nuevos proyectos en curso, así como de sus sensaciones antes del rodaje de su segunda película

El director Eduardo Casanova durante la presentación del nuevo anuncio de Mahou
El director Eduardo Casanova durante la presentación del nuevo anuncio de Mahou - MAHOU
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Eduardo Casanova (28) se ha convertido en uno de los jóvenes actores más prolíferos de los últimos años. Desde que era tan solo un niño, con doce años, saltó a la fama de la mano de la serie de Telecinco «Aída», encarnando a Fidel. Pero, tras el final de la serie, en 2014, quiso dar el salto de posar delante de las cámaras a hacerlo desde detrás.

Como director de cine, Casanova estrenó en 2017 la cinta «Pieles», y actualmente se encuentra trabajando en su segunda película, «La piedad», y en las últimas semanas ha salido a la venta su ensayo fotográfico y escrito bajo el título «Márgenes», en los que retrata a mendigos o personas desfiguradas que se encuentran en los límites de la sociedad.

Además, también ha participado en series como «Arde Madrid», películas como «Señor, dame paciencia» y dentro de poco verá la luz un cameo para la serie de Netflix «La casa de las flores». Charlamos con el director y actor durante el evento de presentación del nuevo anuncio de Mahou, en el que Casanova aparece como parte de la familia de la actriz Ana Polvorosa, con la que le une una grandísima amistad.

P - ¿Cómo se gestó su participación en el nuevo anuncio de Mahou?

R - Se que está mal que lo diga, pero si era sobre la familia de Ana Polvorosa y no salía, no tenía sentido. Ana es mi mejor amiga y de hecho la llevo tatuada. Ella también tiene tatuada la letra E de Eduardo. Ana es mi hermana de toda la vida, es mi mejor amiga y tenía que estar, evidentemente. No había forma de que no estuviera.

P - Ahora todo el mundo conoce al Eduardo Casanova artista y creador. Pero el público general le conoció siendo uno de los protagonistas de «Aída», cuando solo tenía doce años. ¿Qué perdura de aquel niño a día de hoy?

R - Creo que la radicalidad. He sido muy determinante en lo que me gusta y en lo que no, hacia dónde quiero ir, y eso es siempre lo he tenido. Aunque el foco o el objetivo fuera diferente cuando era un niño que el que tengo ahora, evidentemente.

P - ¿Cómo se produjo ese cambio en la cabeza para decidir ser un artista, para pasar de actuar a crear?

R - Nunca he sentido que haya habido un cambio, una transición de un lugar a otro. Siempre me he sentido director y cada vez que he podido lo he hecho. Claro, con doce años no podía dirigir. Pero siempre que he podido lo he hecho. Y es curioso, porque a colación del motivo por el que estamos aquí hoy, siempre que escribo algo he tenido en la cabeza a Ana Polvorosa. De hecho, en mi primer cortometraje, Ana está presente, y sigue hasta lo último que he hecho. Nunca he sentido que haya ido de un lado a otro, sino que era algo que estaba dentro de mi y que lo he hecho cuando he podido. Pero esa determinación que tenía al empezar a actuar era la que tuve que tener para decir: «bueno, ahora es el momento de ser lo que siempre he querido ser, que es director».

P - Hablando su último proyecto, «Márgenes». ¿Qué objetivo tenía en mente cuando lo inició?

R - Ha sido un proyecto en el que, cuando empecé, no sabía qué quería hacer. «Márgenes» aparece en un momento en el que estoy esperando para rodar mi próxima película, y en el que estoy en una etapa de transición artística. Además, también en una crisis creativa. Y, cuando me llegó este proyecto, empecé a buscar lo que quería hacer. Creo que por eso ha salido algo tan vivo, crudo y realista, porque me nace exactamente desde ahí.

«Siempre me he sentido director y cada vez que he podido lo he hecho»

P - La mayoría de imágenes plasman que detrás hay una historia personal muy potente, de lucha y superación en muchos casos. ¿Qué sentimientos le transmitían?

R - Cuando los retrataba, ninguna, porque lo que quería era tomar la imagen. Es cierto que el ensayo escrito aparece después del fotográfico, y fue necesario tomar las fotos y vivir esas experiencias para poder escribirlo. Al final son todo conclusiones y, sobre todo, también me he dado cuenta de una evolución estética, que es lo que me interesa: la evolución del negro al rosa, y también hablo de las cosas desde un punto de vista mucho más realista y crudo que en mis anteriores trabajos.

P - Cuando le contaban sus historias, ¿que sentía?

R - A veces me la contaban y otras no. Este trabajo no ha sido de "voy a conocer a la gente". No son mis amigos, no me propuse conocer a nadie. Yo me he sentado a hacer un trabajo artístico y a investigar sobre mi estética y sobre lo que me interesa y lo que no, no a ayudar a nadie. A veces me la contaban porque me interesaban mucho sus historias como material artístico para luego crear. Pero muchas veces lo único que me interesaba simplemente era su físico y su situación.

P - Cuando contactaba con ellos, ¿vivió algún momento complicado?

R - Muchos. Pero, a la larga, al igual que en cualquier proceso creativo o trabajo, todo acaba siendo positivo porque los problemas y aciertos siempre acaban sumando al proyecto.

P - Es consciente del enorme revuelo que se ha levantado con la presentación de «Márgenes», en donde ha sido muy criticado. ¿Cuál es su punto de vista?

R - Siempre me siento tremendamente querido. En serio lo digo. Siempre, de verdad, he sentido que se valora mi trabajo, y que provoca exactamente lo que tiene que provocar, que es debate. O sea, que hay algo bien hecho. Estoy contento.

P - En cambio, ¿no se considera un provocador como tal?

R - No, no me considero un provocador.

P - ¿Pero es cierto que al final su trabajo llega a provocar a mucha gente?

R - Creo que una de las funciones del arte es provocar un debate o unas emociones. En ese sentido creo que lo cumplo. Pero la intención no es exclusivamente la de provocar. Es hacerlo pero con un mensaje, con un discurso o con un camino.

«Soy un artista: veo, retrato, escribo o ruedo lo que me interesa»

P - En el libro y otras entrevistas habla mucho de que se refleja lo que está a los márgenes del sistema, de la sociedad. ¿Qué lugar considera que ocupa dentro de esa sociedad?

R - Sería un hipócrita si dijera que me encuentro exactamente en el centro del sistema. Tengo una casa, hago publicidad, publico un libro sobre los márgenes del sistema, pero lo hace Penguin Random House, que es una editorial internacional. Hago una película en Netflix... Yo estoy dentro del sistema, me encuentro exactamente ahí. Pero me gusta ver lo que hay fuera, retratarlo y convivir con ello. Soy un artista: veo, retrato, escribo o ruedo lo que me interesa, simplemente eso. Y el sistema es tan poderoso que tiene la capacidad de meterte dentro, estés donde estés. Eso es interesante. Mira lo que hacía Warhol: no podía estar más dentro del sistema, pero en su factoría retrataba desde a Grace Kelly a Candy Darling, que era una transexual drogadicta de la calle. De Silvia Miles, que pertenecía a la «jet set», a Gerard Malanga, o a Joe Dallesandro, que era un actor porno. Al final tiene que ver con que creo que el arte está en otro lugar. Para mi el arte es muy importante, en mi vida y creo que en la vida en general.

P - Ya han pasado dos años desde el estreno de «Pieles», su primer largometraje...

R - No me lo recuerdes (se ríe). Es broma, es que ha pasado mucho tiempo. Tengo muchas ganas de volver a rodar. Para un director o para una directora, un artista, mucho sin rodar son dos meses. Ese tiempo es suficiente para que, si no has rodado, estés prácticamente al borde de la depresión. Yo necesito rodar continuamente. Si no, me deprimo.

P - ¿Qué cambios se van a poder ver en su próxima película, «La piedad»?

R - Los tendréis que ver y los tendremos que hablar en el momento en el que esté lista. Si que creo que va a haber muchos cambios, porque me encuentro en otro momento de mi vida. Pero creo que seguiré siendo fiel a mi mismo, la verdad.

P - Volviendo a su faceta de actor, va a aparecer en la segunda temporada de «La casa de las flores», ¿no?

R - Soy muy amigo de Manolo Caro y le adoro. Le quiero muchísimo. Hago una aparición estelar en «La casa de las flores», pero no tengo un papel como tal. Aparezco un poco en un capítulo, pero lo hago desde la amistad.

P - ¿No echa de menos el intenso ritmo de las grabaciones de una serie como «Aída»?

R - Lo echo de menos por la rutina. A veces llevo muy mal el estar parado, y es verdad que, cuando diriges, los procesos son más largos y hay que esperar un poco más. Pero actuar como tal no, no lo echo de menos, porque me va bastante bien de esta otra forma.

P - Y de aquí a un año, si pudiera elegir un proyecto para cumplir, ¿cuál elegiría?

R - «La piedad», que es mi próxima película y que voy a rodar en breve.