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Desaparecidos Olivia Encinas: seis años secuestrada por su madre con el consentimiento de la Policía polaca

Alberto Encinas lleva seis años y 60.000 euros gastados tratando de recuperar a su hija, secuestrada en Polonia

La madre de Olivia se llevó a su hija de viaje cuando hace seis años y desde entonces su padre no ha vuelto a verla
La madre de Olivia se llevó a su hija de viaje cuando hace seis años y desde entonces su padre no ha vuelto a verla - TVE
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El tercer programa de Desaparecidos vuelve a honrar la labor de los medios de comunicación sacando a la luz casos de desapariciones sin resolver, o resueltas con explicaciones insuficientes. Retomando el mítico formato que Paco Lobatón llevó al éxito en la década de los 90, TVE emite cada miércoles un espacio que es todo un soplo de aire fresco para los familiares de desaparecidos que no han desistido en su búsqueda.

Esta semana el programa puso su foco sobre los secuestros parentales, una realidad tan extendida en nuestro país (cada año se denuncian 200 casos en España) como desconocida para el público. En concreto, se habló del caso de Olivia Encinas, una niña de nueve años que su madre «secuestró» cuando tenía solamente tres. Con la excusa de ir a visitar a su familia en Polonia, la madre se llevó consigo a Olivia y desde entonces su padre, Alberto Encinas, no ha vuelto a saber nada ella.

Desde entonces, el padre ha dedicado los últimos seis años de su vida a una costosísima búsqueda en la que ya ha gastado 60.000 euros entre abogados, asesores y sus casi cuarenta viajes a Polonia. Su heroico esfuerzo le ha llevado a suscitar la generosidad de sus vecinos, dándose el caso de un peluquera de su pueblo de Mallorca que, un día al mes, destinatodos sus beneficios a la búsqueda de la pequeña.

Pese a su hercúleo esfuerzo, Alberto no sabe ya qué hacer. Los tribunales le han dado la razón y le han concedido la patria potestad y la custodia completa de su hija. Sobre la madre de Olivia pesa una orden de detención internacional que no se ha cumplido, lo que lleva a Alberto a sospechar una cierta complicidad por parte de la policía polaca.

No es, desde luego, el único indicio que tiene para acusar a la policía de Polonia de «ocultar información». «No es posible que sigan diciendo que no sepan nada, que buscan pero no encuentran, que hacen todo lo posible...y que yo descubra en qué colegio está inscrita, en qué guardería...¡Incluso vi una foto de mi hija junto a dos agentes!». Pese a los grandes esfuerzos y al agotamiento que supone dedicarse plenamente a una tarea tan ingrata, el padre no pierde la esperanza y asegura que seguirá buscando a su hija porque «no hacer nada me sienta muy mal, tengo que salir a buscarla pase lo que pase».