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First Dates

El desagradable gesto de una comensal de «First Dates» en medio de la cena

Claudia se puso a eructar delante de José María durante la conversación

CUATRO
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Este lunes rompió el hielo en «First Dates» Abel, un socorrista madrileño de 19 años que se presentó diciendo que era «tan creativo que escribo libros, pero siempre los dejo a medias porque se me ocurre una idea nueva. Yo me veo como director de cine, para que otro me escriba las ideas». El joven le contó a Sobera que había tenido varias relaciones, pero «ahora que asiento la cabeza busco algo estable».

Confesó también que no tenía ningún prototipo de chica, pero que «me fijo mucho en el culo, y me gustan de estilo clásico». Por último, le reconoció al presentador que su madre, llamada África, «no quiere verme en "First Dates" porque dice que le da vergüenza». Su pareja fue Victoria, una peluquera madrileña de 20 años que contó que «parte de mi tiempo libre me lo paso en el baño maquillándome, y puedo tirarme horas mirándome al espejo».

La primera impresión fue excelente para ambos, que se sintieron atraídos físicamente por su pareja. Luego se sentaron a la mesa y en la conversación descubrieron que les unía su pasión por el deporte y su objetivo profesional: convertirse en monitores de gimnasio. Surgió un pequeño conflicto cuando se preguntaron de qué equipo de fútbol eran, pues mientras que ella era «del Atlético de Madrid a muerte» Abel se definió como «más blanco que la leche».

Al margen de ese desacuerdo, la cita siguió sobre ruedas hasta al final. La pareja rio, habló largo y tendido y tontearon entre ellos. El desenlace estaba cantado, y ambos dijeron que querían tener una segunda cita para seguir conociéndose.

Poco más adelante apareció por el restaurante José María, un estudiante malagueño de 19 años que quería trabajar como profesor de universidad, aunque también le gustaba mucho «el mundo del tatuaje». En su presentación contó que «mi filosofía es que todos los extremos son malos» y confesó que había estado «con alguna chica, pero solo eran líos». Reconoció que estaba «soltero porque no me queda más remedio, pues no encuentro a ninguna chica que sea afín a mí».

José María debería probar suerte con Claudia, una estudiante zaragozana de 18 años que se presentó contando que «muchas gente piensa que soy lesbiana por como voy vestida». La joven, que era una apasionada de las artes plásticas, aseguró que «nunca he sentido nada por nadie aparte de por mi ex». Ya desde que se conocieron se veía bastante claro que la pareja no podría cuajar.

Ella empezó contándole lo mucho que le gustaba conocer gente, y José María contestó que él no es «muy social y me cuesta conocer gente. Soy un poco tímido». Continuaron los desencuentros cuando hablaban de sus aficiones. A Claudia le gusta salir de fiesta por discotecas y escuchar reggaeton, mientras que él contó que «en las discotecas no me dejan entrar por las pintas. Yo soy más de pub».

De pronto, ella dijo que se sentía muy llena y se puso la mano frente a la boca para eructar repetidas veces. «¿Sabes que yo no sé eructar?», reaccionó él, a lo que Claudia respondió que ella eructaba «24/7». Para pasar página el malagueño le preguntó si le gustaba ir a conciertos, y Claudia le explicó que no porque «soy pobre, solo fui con 14 años a un concierto de Auryn». Ya estaba muy claro que la cita no iba a ninguna parte, y ella contó en el confesionario que José María le daba la impresión de «ser muy acaparador». Como era de esperar, al final Claudia dijo que no quería tener una segunda cita con José María.