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Cuarto Milenio Ciego y cojo a los 30 años: el testimonio de un guardia civil que sobrevivió a un enfrentamiento con etarras

Antonio Aguayo Jiménez visita el plató de «Cuarto Milenio» para relatar cómo resultó gravemente herido durante un tiroteo en el registro de un piso franco del «comando Donosti» en 1984 en Hernani

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«Dos activistas de ETA muertos y un guardia civil herido, así como varias detenciones, es el balance de una espectacular operación llevada a cabo durante la madrugada de ayer en la localidad guipuzcuana de Hernani por la Guardia Civil. El responsable del grupo había sido detectado hace dos semanas por la Dirección de la Seguridad del Estado». Con estas palabras comienza la crónica que Carlos Olave escribió para ABC el 16 de junio de 1984. La pieza relata la hazaña en la que detuvieron al etarra José María Veroz y fallecieron otros dos. Unas bajas causadas en dos tiroteos en los que se utilizaron 25.000 balas y dejaron un largo listado de consecuencias. «A los 30 años me quedé ciego, manco y cojo; lo pasé muy mal, pero me he forzado en no caer en el victimismo», explicó el agente hace diez años al «Diario Sur».

«Según explica en un comunicado del Gobierno Civil, alertados los otros dos miembros de la banda se hacinaron en la habitación que ocupaban y recibieron a la Guardia Civil con una descarga de disparos, a pesar de los requerimientos para que se entregaran. Requerimientos hechos también por el propio Jesús María Veroz una vez detenido. Como consecuencia de estos primeros disparos resultó herido grave el guardia civil Antonio Aguayo Jiménez, que presentaba impactos de bala en el muslo y el abdomen. El agente se encontraba en ese momento en la tercera planta, y hubo de ser deslizado por una ventana por medio de varias sabanas para ser trasladado al hospital de la Cruz Roja de San Sebastián», proseguía el texto.

«Se habían encendido las luces de toda la casa excepto las de una habitación que había al final del pasillo. Decidí entrar yo porque era quien llevaba chaleco antibalas», relató Aguayo el pasado domingo en «Cuarto Milenio» (Cuatro). El agente vio una «silueta» al encarar la puerta de dicha habitación. Tenía barbas y una kalashnikov en la mano. «Le hizo un gesto con la pistola para que saliera a la luz, pero el creyó que yo estaba “haciendo gatillo”. Es ahí cuando este individuo me suelta una ráfaga de metralleta. Pegué un grito y di mis dos disparos. Los dos caímos al suelo. Conseguí levantarme, cogí la pista. Pegué ocho tiros más y me metí en la habitación de al lado», continuó.

El guardia civil quedó atrapado en un fuego cruzado dentro de la vivienda y al no poder ser auxiliado por sus compañeros, se retiró al interior de una habitación. «El grupo con el que había entrado a registrar salieron gritando: “A Aguayo lo han matado”». Allí esperó largas horas con la esperanza de salir de aquella situación con vida: «Me vi que tenía un tiro en el codo; otro en el abdomen, que me dejó todas las tripas fuera; y otro en el muslo».

Durante ese tiempo sucedió algo, una experiencia que ha sido silenciada durante años. «Estoy en cuclillas en una habitación totalmente a oscuras. Veo que estoy fuera de mi cuerpo como en una orla, con unos colores que aquí no los hay. Los que estén operados de cataratas saben de que hablo porque estos no son los colores que existen en la tierra. Pero es que ahí había otra orla con otro individuo dentro. Me dije: “ay, Dios mío. Eso es la muerte”», contó.

Se trataba de una persona de unos 60 años, delgada y no muy alta. «Intenté rodear el comedor donde estaba para alcanzar a ese espectro, pero no me hablaba. Fue cuando empecé a gritar: “si esto es la muerte, dímelo”», recordó. Pero Aguayo regresó a su cuerpo: «No vi como salí ni vi como entré». Fue entonces cuando este agente de la guardia civil decidió tirarse por la ventana, por una que instantes antes había descartado huir por las posibles consecuencias que podía tener la caída. Sin embargo, después de lo que acababa de vivir, decidió saltar: «No me hice ni un rasguño más allá de los que ya tenía».

Eterna espera

Mientras Antonio Aguayo Jiménez se refugiaba en la mencionaba habitación, el fuego cruzado continuaba. La violencia era tal que las Fuerzas de Seguridad del Estado desalojaron los domicilios colindantes. El enfrentamiento comenzó a las 4.15 horas, pero a las seis de la mañana se produjo un «nuevo y violentísimo intercambio de disparos». La Guardia Civil lanzó poco después una granada que derivó en una serie de explosiones como consecuencia del material de guerra del comando terrorista. Inmediatamente se produjo un incendio en el que se calcinaron los dos terroristas que se encontraban en el interior del piso. Sin embargo, Aguayo Jiménez no sufrió quemaduras.