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El Contenedor

«El Contenedor» llega a su fin: parejas en crisis, disputas familiares y amistades en ciernes

El programa de Antena 3 en el que cuatro hogares debían renunciar a sus pertenencias duranete diez días ha transformado a los participantes

ANTENA 3
Actualizado
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Este miércoles se emitió el último episodio de «El Contenedor», el programa de Antena 3 en el que cuatro hogares afrontan uno de los grandes retos de su vida: vivir diez días despojados de todas sus posesiones. «Así descubrirán quiénes son realmente y lo que verdaderamente necesitan para ser felices», explican al comienzo del programa. El espacio se ha convertido en el mejor estreno de la temporada veraniega con 1.685.000 y el 13,9% espectadores.

Juanjo, Raquel y Sergio, los compañeros de piso valenciano, han pasado verdaderos calvarios en su experiencia. Se han enfrentado a numerosos obstáculos, momentos de angustia y han sufrido el rechazo en sus propias carnes. Y, pese a todo ello, han conseguido superar el trance unidos y apoyándose mutuamente. En sus primeras visitas al contenedor recuperaron un colchón, un edredón y algunas prendas de ropa.

Mientras Juanjo y Raquel acuden en la escuela de baile, Sergio tuvo que afrontar su primer día de prácticas en un centro de estética en unas condiciones poco adecuadas. «¿Y entonces no llevas nada debajo de la gabardina?», le preguntó la encargada cuando lo vio entrar practicamente desnudo. Tuvieron que prestarle ropa para que empezase a trabajar y, al poco rato, rompió a llorar de pronto: «No me animo y duermo mal, entonces me cuesta todo esto». Sus jefas le consolaron y, para levantarle el ánimo, le dieron unas monedas para que pudiese comprarse algo de cenar.

Al llegar a casa, y antes de que volviesen sus compañeros, pasó por el piso de la vecino para pedirle cacharros y poder cocinar para Juanjo y Raquel. Estos no se creían lo que vieron al llegar a su piso. «No me esperaba esto de Sergio», reconoció Juanjo, «que llegásemos y tenga la cena preparada para todos y que encima esté rico». Al día siguiente pudieron ir al contenedor por cuarta vez y decidieron recuperar una cartera con su tarjeta de crédito (Raquel), un maletín con maquillaje (Sergio) y unas zapatillas (Juanjo).

«Ya no somos solo compañeros de piso», resumió Juanjo, «aquí ya hay una amistad, porque esta experiencia nos ha unido para siempre».

La misma tónica de compañerismo y ayuda mutua caracterizó durante la experiencia a la familia Izquierdo en Alicante. «Me siento muy arropada», reconoció la madre al comprobar cómo su entorno la ayudó en los momentos más difíciles, «me doy cuenta de lo que me quiere la gente y estoy feliz. Tenemos una convivencia que antes no teníamos».

La experiencia está sirviendo a la familia no solo como una «anécdota», también para conocerse mejor los unos a los otros y vivir momentos para el recuerdo. Con el ordenador y los móviles en casa, que los hijos ya han recuperado, la comunicación familiar está en peligro. «¿Ya se ha acabado la comunicación en casa?», les preguntó el padre al ver a sus hijos Julián y Javier mirando el móvil en el sofá.

Pese a que la familia ha destacado por la solidaridad con la que afrontó el reto, también pasó momentos de flaqueza, sobre todo en esta última etapa de la experiencia. Maribel, la madre de familia, y su hijo Alejandro tuvieron un encontronazo debido a los objetos que querían recuperar en su octava visita al contenedor. Ambos intentaron convencer al resto de la familia para recuperar sus objetos personales (cremas y ropa de gala) sin tener en cuenta el bien común.

Lidia y Dani, la pareja de Sabadell, han sido sin duda los concursantes que más han padecido los efectos de no tener todas sus pertenencias a mano. Su relación se ha visto seriamente afectada, hasta el punto de que se plantearon seriamente romperla. «Dani tiene mucho estrés, siempre está con el móvil y muy serio», se lamentaba Lidia, «el móvil ha cambiado las cosas para peor, porque ya estaban mal, pero el móvil las ha empeorado. Yo quiero disfrutar de la vida, pero él solo piensa en su móvil y me ha olvidado».

Pero también Dani criticó a Lidia y su falta de colaboración para salir juntos adelante: «Solo piensas en la ropa y en ir a ducharte a casa de la vecina». Las discusiones fueron a más conforme se acercaba el evento solidario organizado por Dani, para el que Lidia no ha echado una mano en ningún momento. «Todo esto me ha servido para darme cuenta de lo que no quiero en mi vida», explicó ella.

Marina y Desi, las dos amigas malagueñas, no han dejado de ser un equipo y trabajar para cuidarse mutuamente. Además, cada día les sorprende la bondad de la gente a la hora de pedir su ayuda. El cansancio físico les pesa a las chicas, que supieron mantenerse unidas para superar los últimos días. Las chicas salieron a la calle para demostrar su arte y conseguir dinero para cenar gracias a la generosidad de la gente. Ambas aseguraron que su paso por «El Contenedor» les ha marcado para siempre, y han decidido implicarse a fondo en iniciativas solidarias: «Después de esto tengo más empatía con los personas de la calle, porque soy capaz de ponerme en su piel», aseguró Desi.