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Control de aduanas

Cocaína en piñas y tráfico de personas: los casos más extraños vistos en «Control de aduanas»

El programa emitido por DPLAY acompaña a los policías aduaneros de distintas partes del mundo

Un agente de la Guardia Civil interroga a un sospechoso
Un agente de la Guardia Civil interroga a un sospechoso - DPLAY
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«Control de aduanas» es un programa emitido por DMAX que muestra el día a día de los agentes de aduanas e inmigración en diferentes fronteras del mundo. Existen varias versiones del formato dependiendo del país en que se grabe: Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Estados Unidos...y desde 2016 también España tiene su propio «Control de aduanas».

En nuestro país, este docureality dedieciséis entregas de media horacada una, muestra por primera vez el trabajo de la Policía Nacional, la Guardia Civil y la Agencia Tributaria en los puntos calientes de tránsito de personas y mercancías. Las cámaras del programa pasaron por el aeropuerto de Madrid, por el puerto y aeropuerto de Barcelona, la frontera de Algeciras y los puertos de Valencia y Melilla.

Aquí hemos recogido algunos de los momentos más peculiares que han registrado las cámaras de «Control de aduanas» acompañando a los agentes.

Pájaros en el equipaje de mano

Los agentes ven algo extraño al pasar por el escáner el equipaje de mano de un pasajero llegado de La Habana: una tapa de plástico o de cartón y unos cuerpos que se ven difusos. Al abrir la maleta, descubren varias cajas llenas de pájaros, algunos de ellos muertos. Los guardias civiles sospechan que el pasajero trafica con ellos y le interrogan. Él no niega que venda pájaros, y les cuenta a las agentes que los compra en Cuba por 90 céntimos y los vende aquí a 50 euros. En total lleva 100 pájaros en parejas: 50 machos y 50 hembras. El pasajero sabía que debía pedir un certificado pero «como hay que pasar tanta burocracia no lo he hecho».

Cocaína en piñas

El puerto de Algeciras es uno de los principales puntos de entrada de droga en España. Allí los guardias civiles se emplean a fondo para no dejar pasar los cargamentos, algunos realmente bien disimulados. En este caso, se pusieron a examinar veinte palés que venían llenos de cajas, y en cada una de esas cajas había sola una piña, y eso despierta sospechas. Hay en total 20.000 kilos de piñas y los guardias civiles tardan cinco horas en examinarlas todas. El esfuerzo merece la pena, pues muchas de esas piñas están en realidad huecas y esconden paquetes de una cocaína muy pura. «Los narcos se han tomado muchas molestias», comenta uno de los agentes, «viene muy preparado para no llamar la atención».

Tráfico de personas

Al aeropuerto de Barajas llega un vuelo procedente de El Salvador. Catorce de sus pasajeros son retenidos porque la Guardia Civil detecta algo extraño en sus etiquetas: llevan unas franjas verdes que indican que son comunitarios en vez de las negras propias de los extracomunitarios. Tras ponerse en contacto con la compañía, que asegura que es imposible que se trate de un error, los agentes empiezan a interrogar a los pasajeros y registran sus maletas. No encuentran nada raro en ellas, pero sí en las palabras de una pasajera, que dice haberle pagado mil euros a un hombre que conoció por Facebook para que la trajese a España. Esto hace saltar todas las alarmas, pues lo más seguro es que se trate de un caso de tráfico de personas. Los agentes detienen al hombre que venía a recoger a los pasajeros y ponen a todos a disposición de la Policía Nacional, que es quien decide si se quedan o no en España.

La mala suerte de los contrabandistas

En el puerto de Algeciras, un perro de la Guardia Civil huele droga en uno de los coches que llega en ferry desde Marruecos. Los agentes separan el coche y lo investigan a fondo en busca de la sustancia. Pero lo que encuentran es otra cosa muy distinta: cajas y cajas de tabaco escondidas en los bajos, el salpicadero y los asientos. «El coche había pisado una chinita de hachís que se pegó a las ruedas, por eso lo olió el perro», explica el guardia civil, «pero al empezar a buscar nos llevamos una sorpresa».

Abordaje en plena noche

Las jornadas de los guardias civiles son largas y duras en la bahía de Cádiz. Un grupo de agentes pasa cinco horas siguiendo a un barco en plena noche, esquivando a otros pesqueros para «evitar que alguno alertase sobre nuestra posición». A una distancia prudente, deben verificar que están transportando mercancía y pasándosela a otros barcos. Una vez comprobado, se aproximan sin que los narcos les vean y en el momento más inesperado se abalanzan sobre el barco y detienen a sus tres tripulantes. Bajo la cubierta, escondían treinta fardos de droga.