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Chicho Ibáñez Serrador, el mito «ocurrente, sabio y exigente» que revolucionó la televisión en España

Varias personalidades cercanas al «genio» y creador del «Un, dos, tres...» recuerdan su exitoso legado

Chicho Ibáñez Serrador, con la calabaza Ruperta
Chicho Ibáñez Serrador, con la calabaza Ruperta - RTVE
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Había pasado casi una década desde su llegada a Televisión Española cuando la cadena pública encomendó una nueva misión a Narciso, «Chicho», Ibáñez Serrador. El célebre director y guionista había llegado a TVE en 1963 y se había hecho imprescindible gracias al éxito del siniestro espacio «Historias para dormir», que él mismo dirigía y presentaba al más puro estilo Alfred Hitchcock con «Alfred Hitchcock Presenta» o Rod Serling en «La dimensión desconocida», aunque ahora el ente le pedía cambiar de registro por completo y construir un concurso que reinventase la manera de hacer entretenimiento en España.

En ese momento, Chicho lo tuvo claro. «Empecé a analizar cómo eran estos espacios hasta entonces, llegando a la conclusión de que solo había tres tipos: de preguntas y respuestas; de vencer dificultades físicas; y de cambiar esto por lo otro, sin que los concursantes supieran de qué se trataba. Había que elegir una de las fórmulas. Pero... “¡Qué tontería!”, me dije. Lo más original es que estuvieran los tres componentes. Por eso se llamó “Un, dos, tres”. Uno, preguntas y respuestas; dos, pruebas físicas; y tres, la subasta». Y así fue como nació el exitoso formato, como recordó el propio Ibáñez Serrador a ABC en 2012, en la celebración del 40 aniversario del concurso.

Siete años después de aquello, la televisión llora a Chicho y a su gran legado, que va mucho más allá de «Los supertacañones» y de la calabaza Ruperta. Gracias al «Un, dos, tres... responda otra vez», la televisión dio un giro de 180 grados y varias mentes creativas del país lograron emerger. Fue el caso de Joaquín Oristrell, hoy al frente del equipo de guionistas de «Cuéntame como pasó», ganador del Goya a Mejor Guion Original en 1995 por «Todos los hombres sois iguales» y nominado cinco veces más al prestigioso galardón. «Mi carrera empezó trabajando junto a Chicho en el “Un, dos tres”», rememora Oristrell, que fue de la mano de Ibáñez Serrador en varias temporadas del concurso en los años ochenta. «Tengo muchísimos recuerdos. Era un hombre muy abierto a tener contacto con gente joven. El equipo de guionistas (del que también formaba parte León de Aranoa) teníamos cenas con él cada quince días. Era un hombre muy ocurrente, muy sabio y muy generoso. Pero a la hora de realizar el programa, era más severo, muy exigente y metódico. Yo lo que viví con él fue siempre muy positivo», afirma el guionista y director.

Un «genio» meticuloso

Ibáñez Serrador, así las cosas, se desvivía detrás de las cámaras. «Siempre estaba muy preocupado por quienes tenían que presentar el programa, de quienes iban a ser las azafatas, de los guiones... de cualquier detalle. Le gustaba tenerlo todo controlado, desde la última cremallera hasta el decorado entero. No le gustaba que las cosas no salieran perfectas. Quería hacer productos que fueran auténticos éxitos», afirma Oristrell. «Abrió una manera de hacer televisión en España. Y hacía algo que cuesta muchas veces: en el momento en que sentía que un programa podía no salir o no cuajaba, prefería no dejarlo morir y retirarse. Sabía cuándo había que terminar con un invento», remarca, al tiempo que recuerda una triste ironía. «El primer capítulo en el que yo trabajé en “Cuéntame” fue en el que los Alcántara iban a concursar al “Un, dos, tres”. Y este último, emitido hace solo una semana, empezaba con un actor haciendo de Chicho mientras hablaba con Elena Ochoa en “Hablemos de sexo”».

Sus palabras las corrobora José María Castillo, productor ejecutivo de Prointel, la compañía que fundó Ibáñez Serrador en 1970 y de la que Castillo estaba al frente. «¿Qué podemos contar de él, nada más que cosas increíbles y maravillosas? Todo lo que se pueda decir de él es bueno, porque ha sido muy positivo a través de toda su carrera y de todo lo que le hemos acompañado. Era un genio», recuerda el directivo a ABC, con la voz quebrada.

Casi tan recordado como el «Un, dos, tres...» lo son las muchas «azafatas» a las que el programa catapultó a la fama, como Victoria Abril, Lydia Bosch, Paula Vázquez, Silvia Marsó, Nina, Kim Manning y María Abradelo, que han disfrutado del éxito de la mano de Chicho. «Me llamaba mucho la atención la humanidad que tenía. Un día, me dijo que quería contratar a un humorista y me pidió que le acompañara a ver a Ángel Garó a un cabaret de Madrid», cuenta la última, que recuerda su cercanía. «Ensayaba con todos nosotros en su casa. Recuerdo que una vez fuimos a grabar a Marruecos y él se mezcló con la gente más necesitada de todas las ciudades. Me fascinaba el amor y la ternura con las que trataba a los niños. No era el típico director frívolo, sino que a pesar de ser un genio, era uno más», remarca Abradelo, que califica de «honor» el haber trabajado a sus órdenes. «Era el rey de la improvisación, pero a la vez lo tenía todo pensado. Había cualquier problema y lo solucionaba. Todo lo hacía él. Sí que es cierto que era muy exigente. Recuerdo mi primer número en mi primer programa que estuvimos más de doce horas ensayando un baile de claqué. Era muy perfeccionista. Te hacía sentir muy valorada, muy importante».

Su pulcritud, no obstante, sirvió de base para que muchas artistas, como Abradelo, labrasen su posterior trayectoria. «Todo el mundo me decía que se me veía que venía de la escuela de Chicho, que se notaba mucho su influencia en mi forma de trabajar», rememora orgullosa. Igual que lo está otra de «sus» azafatas, Marta del Pino, que habla con mucho cariño del artífice del «Un, dos, tres...». «Fue una maravilla trabajar con él, un auténtico honor. Era un genio de la televisión y un gran director».