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«Chester» El mal gesto de Pedro Almodóvar a Santiago Segura

Risto Mejide invitó a Santiago Segura y Michael Robinson para cerrar esta temporada de «Chester» y hablar de los tópicos españoles

Santiago Segura, en el plató de «Chester» - CUATRO / Vea en el vídeo el gesto feo que tuvo Almodóvar con Segura
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Es tiempo de despedidas, pero breves. «Chester» dice «hasta luego». Y puestos a cerrar temporada, qué mejor que sacar a escena una buena ristra de tópicos. A ser posible, los más recurrentes y habituales: los de los españoles. ¿Cómo somos? ¿Cómo dicen que somos? ¿Cómo creemos ser? Nuestros aciertos, nuestros errores y muchos tópicos quedarán al descubierto de la mano de dos personas que, a fuerza de enfrentarse a ellos, los conocen bastante bien. Santiago Segura porque decidió recopilar los peores defectos de nuestro país en un detestable y exitoso personaje cinematográfico, Torrente. Michael Robinson porque, después de tres décadas exiliado voluntariamente en España, ha realizado una minuciosa radiografía social de nuestro país atendiendo al elemento que más pasiones nos despierta: el fútbol.

Santiago Segura (Madrid, 1965) es el director de una de las sagas más taquilleras de la historia del cine español: «Torrente». En sus inicios el director apareció en muchos programas de televisión para ganar el dinero suficiente para financiar sus cortos. Y entre sus primeros trabajos en el mundo del cine también hubo tiempo para hacer de figurante. Aunque «la máxima del figurante» es que no se le distinga para poder aparecer en el máximo de películas posible, Santiago hacía lo posible para aparecer en las escenas en las que participaba. Tanto que en «Tacones Lejanos» fue Pedro Almodóvar quien le sacó del plano. «Me acuerdo que me puse en segunda fila y de repente veo que Almodóvar está así mirando, le dice algo al oído al ayudante de dirección, se acerca y dice: ‘Por favor, el gordo, al final’. Y me mandaron a la última fila».

Las cinco entregas de Torrente suman más de 13 millones de espectadores cautivados por un personaje que encarna lo peor del ser humano… y del prototipo español. «Un taxista, tu cuñado, un vecino, tú mismo en algunas cosas… Siempre tenemos pensamientos que a nosotros mismos nos avergüenzan», resume el actor sobre la inspiración que necesitó para crear a Torrente. «Antes me parecía muy, muy gracioso, porque pensaba que era una cosa extinta y, de repente, miro para atrás y digo: ‘No, no, está muy vigente’. España sigue siendo Torrente y eso me abochorna. A veces me he encontrado con gente que habla de Torrente con admiración y cariño. Vas en un taxi y dicen: “La hostia. Torrente es la hostia, si es que es la bomba, si es que es lo más”».

A pesar del cariño de ese público, Santiago Segura ha sufrido el desprecio de algunos colegas de profesión y ha visto cómo «Torrente» quedaba relegado en las categorías principales de los grandes premios de cine en nuestro país. «A mí me da igual lo de los premios, el premio es que te vaya a ver la gente y que gusten las películas. Pero en categorías concretas sí me ha parecido un poco flagrante, ¿no? Efectos especiales, por ejemplo. En los premios Taurus, que son los que dan los especialistas de Los Ángeles, las tres últimas ‘Torrentes’ han estado nominadas. Y en los Goya ni siquiera estaban nominadas en esa categoría. (...) Cuando recibí el Goya dije: "Niños, cuando crezcáis no seais Torrente". Yo soy cineasta y quiero entretener, no educar. Da mucha pena que gente de 20 años sea machista o que si tienes 15 años y fumas es que eres gilipollas. Antes los tipos duros fumaban, pero ahora en las cajetillas pone 'fumar mata'», continúa.

Michael Robinson, en el plató de «Chester»
Michael Robinson, en el plató de «Chester»-CUATRO

Si por algo es reconocido Michael Robinson en nuestro país es por su marcado acento inglés en las retransmisiones futbolísticas. Sin embargo, el locutor deportivo esconde tras de sí un pasado como jugador al más alto nivel. Empezó su carrera como delantero en el Preston North End y en el Manchester City y acabó siendo uno de los fichajes más caros de su época cuando fichó por el Liverpool, donde consiguió la Premier League, la FA Cup y la Copa de Europa. Acabó jugando en el Osasuna (Pamplona) donde aterrizó sin saber nada de español. «Yo pensaba que Osasuna era un lugar. Lo creí hasta estando ya entrenando con ellos. Yo solo entendía ‘hola’, ‘adiós’, ‘gracias’, ‘cerveza’ y contaba hasta cinco. Lo fundamental, ¿no?». Sus años en el equipo navarro los recuerda como los más felices… Hasta su abrupta salida por una operación de rodilla que Robinson nunca pidió y que se hizo contra su voluntad.

«Yo era feliz allí. Había encontrado una maravilla en ese equipo. Pero tenía un problema, ya se lo había advertido antes de fichar. Estaba mal de la rodilla. Les dio igual. Me hicieron una intervención quirúrgica que yo no pedí y que no necesitaba. Seis semanas después de aquello, a los 19 minutos de volver a jugar, me quedé cojo». Lo peor, sin embargo, estaba por llegar. «Años después, cuando volví a El Sadar como comentarista de la Liga para Canal+, pedí al gerente del club si mi hijo, de 7 años, podía saltar al campo con el capitán del Osasuna y su camiseta roja. Cuando el niño estaba en el túnel para salir de la mano de Iñaki Báñez, el delegado les separó e impidió a mi hijo saltar. Yo no sé qué diablos hice tan mal para que me tengan tanta manía, para inclusive hacerle eso a mi hijo… A mí pueden machacarme, pueden dejarme cojo, pero hacer eso a un niño de siete años… No he sido capaz de perdonárselo».

Del norte, al sur. Porque después de 30 años en España, Robinson se ha marcado un objetivo: encontrar (y de paso demostrar) que su origen es español. Concretamente, gaditano. «Puedo razonarlo», admite riendo. «Mis raíces hasta 1792 llegan hasta el condado de Cork. Y todo el mundo de Cork es blanco, pelirrojo y con pecas, Menos un 2%. Y ese 2% son los náufragos de la Armada Invencible. Bueno, pues en mi familia hay muy poco pelirrojo. Así que es de suponer que mi familia venga de la Armada Invencible. Y zarparon desde Cádiz y Finisterre, mayoritariamente. Y de gallego no tengo mucho…», bromea.

El momento en el que Robinson abraza definitivamente su «españolidad» es en la final del Mundial de Fútbol de Sudáfrica. «Estaba narrando el partido pero, si hubiese estado en casa viéndolo, me hubiese ido a la cocina a tomar algo por que no podía aguantar más. Estaba en estado de pánico. Cuando marca Andrés es maravilloso. Y muy especial. Andrés es un tío riquísimo, porque como persona es adorable». Y sobre sus continuas polémicas «madridista-culé», ¿qué tiene que decir Robinson?: «Tengo el curioso estatus que en Madrid soy culé, en Barcelona soy madridista y en Valencia, pues depende de quién va primero».