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Ven a cenar conmigo La monja Hammond regaña a sus compañeros por sus sesiones de hipnosis: «¡Dios tiene más poder que tú!»

La monja Hammond estuvo hace unas semanas como comensal en «First Dates» y ahora continúa sus labores evangelizadoras en otro programa de la misma cadena

CUATRO
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La primera anfitirona de esta semana en «Ven a cenar conmigo» fue Inés, una mujer con unos gustos y miedos un tanto especiales. En el grupo está también la monja Hammond, que hace poco buscó el amor en «First Dates» y ahora intenta cautivar el paladar de sus invitados en «Ven a cenar conmigo», aunque ella misma reconoce que solo se ha apuntado para predicar el evangelio. El resto del elenco lo componen Javier, un hombre deportista obsesionado con la salubridad de sus alimentos, el hipnotista Charlie Relaño y, por último, Dilenia, una auxiliar de enfermería de 27 años a la que le tocó ejercer de anfitriona este miércoles.

Al comienzo de la cena encabezaba la clasificación Raquel con 28 puntos y le seguía Charlie con 24. Dilenia se empleó a fondo para elaborar un menú original y capaz de llevarla hasta el primer puesto. Los platos tenían un carácter caribeño y refrescante: en primer lugar una receta a base de plátano y aguacate, de segundo un arroz con verduras y de postre unas «frutas derretidas» con chocolate y leche condensada.

Los invitados fueron llegando y Javier, que estos días no ha dejado de intentar ligarse a la anfitriona, se plantó el primero en su casa. Charlie, un hombre detallista y observador, torció el ceño al poco de llegar para criticar a la anfitriona: «Podrías haber puesto algo de aperitivo, o unas frutitas o algo». Pero la monja Hammond, ataviada con una túnica amarilla y negra que la hacía parecer la abeja Maya, devolvió las buenas energías a la reunión con un brindis: «¡Qué Dios pos bendiga!».

El primer plato tuvo críticas para todos los gustos. A Javi le gustó mucho, Charlie apenas pudo probarlo, a la monja Hammond le sorprendió y Raquel le puso algunas pegas a la elaboración. «Me están echando muchos pirorpos y se me van a saltar las lágrimas», comentó Dilenia en la cocina, «creo que está yendo bien».

Antes de pasar al segundo, Charlie propuso hacer una sesión de hipnosis con Raquel, que se prestó voluntaria para ello. «Es una tía a la que le gusta trabajar las energías y creo que va a ir bien», se felicitó Charlie. Junto a la mesa empezaron a maquinar, pero contaron con la firme oposición de la monja Hammond: «No lo hagas, que vas a ir al infierno».

Charlie y Raquel hicieron oídos sordos a su compañera, pero ella no cejó en su empeño y siguió con su crazada: «Raquel, luego dirás que te falta un tornillo y ha sido Charlie, que te lo ha quitado. Ya solo con el diapasón te está manipulando, que lo sepas. Espiritualmente es una práctica peligrosísima y me molesta que se haga». Raquel estaba ya un poco harta de las invectivas de la monja: «Es como una mosca cojonera. No se calle y no me deja concentrarme».

«¡Dios tiene más poderes que tú!», le recordó Hammond a Charlie, «y vas a acabar convertido en un diablo con cuernos y rabo». El tema quedó zanjado y el grupo siguió comiendo. El segundo plato tuvo muy poco éxito entre los comensales, al igual que el postre. Al final, Delania solo pudo sumar 21 puntos y se queda, de momento, en el tercer puesto de la tabla.