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El caso Alcácer y el nacimiento de la telebasura: ¿Hemos aprendido algo?

La cobertura televisiva del triple crimen de Alcácer consiguió espectaculares cuotas de audiencia recurriendo al morbo y al sensacionalismo

Nieves Herrero entrevista a los padres de una de las niñas asesinadas en «De tú a tú» - ANTENA 3 / Vídeo: «Las niñas de Alcàsser», el caso que conmocionó a un país y que todavía no tiene respuesta
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La crueldad y la violencia han despertado siempre un morbo y una curiosidad insana. En otros tiempos los relatos de sucesos sanguinarios circulaban de boca en boca, luego llegaron los culebrones criminales en los periódicos y, para rematar la faena, apareció la televisión con su insaciable apetito de sangre. La desaparición de las tres niñas de Alcácer a finales de 1992, el hallazgo de sus cuerpos dos meses después y el posterior juicio les brindaron a las televisiones una oportunidad de oro para reventar los audímetros explotando el dolor de las víctimas y las emociones más primarias de los espectadores. Se ha llegado a decir que la cobertura del caso Alcácer fue la ceremonia inaugural de la telebasura en España.

«Creo que fue un punto de inflexión en la televisión», explica Enelina Fernández, presidenta hasta hace pocos días del Consejo Audiovisual Andaluz (CAA), «porque por primera vez se abordaba un caso informativo desde un enfoque sensacionalista y escabroso, y se traspasaron algunos límites éticos del periodismo». La truculencia y el misterio que rodearon al crimen fueron un excelente carburante para unas televisiones que, metidas en la vorágine del directo y la última hora, no pudieron o no quisieron pararse a pensar si las imágenes que estaban emitiendo eran las más adecuadas.

Cabe recordar que los canales privados acababan de aparecer en nuestra parrilla (Antena 3 llevaba tres años emitiendo y Telecinco solo dos) y estaban todavía muy verdes en varios sentidos. «Seguramente era el primer suceso de esa índole al que se enfrentaban las nuevas televisiones privadas», concede Fernández, «y lamentablemente se cometieron importantes errores». Pero no todos ellos pueden achacarse a la inexperiencia, pues lo cierto es que muchos de esos errores se debieron al ansia por conseguir audiencia (y por lo tanto, dinero) a cualquier precio. «Fue el primer ring en la batalla de las audiencias entre la cadena pública y las privadas, y eso explica los excesos que se cometieron», declaró en una entrevista a La Razón Elías León, director del documental de Netflix sobre el caso.

Historia televisiva de la infamia

Buena parte de las críticas a la espectacularización del crimen de Alcácer se centran en el «De tú a tú» presentado por Nieves Herrero en directo desde la Sociedad Musical de Alcácer el mismo día en que aparecieron los cadáveres. Herrero juntó en el recinto a los traumatizados familiares y amigos de las niñas para hacerles preguntas como «¿alguna vez vas a superar este dolor?», «¿cómo valoras que se hagan estas atrocidades?» o «tras los resultados de la autopsia ¿se puede decir si fueron maltratadas?». Aquella noche «De tú a tú» consiguió un 31,9% de cuota de pantalla y seis millones de espectadores. Paco Lobatón también emitió aquella noche en directo desde Alcácer su «¿Quién sabe dónde?», un programa un tanto más comedido que llegó a congregar al 47% de la audiencia.

La presentadora, en una entrevista con ABC en 2013, reconoció que «todo aquello fue un error. Al cuarto de hora me di cuenta de que no se podía hacer un programa con todo el pueblo allí. Cada vez que íbamos a publicidad pedía a Madrid que metieran un documental. Nadie me hizo caso». La periodista Mariola Cubells, que también cubrió el crimen desde el terreno, piensa que es injusto cargar las tintas contra Herrero: «Mil periodistas de todo el país queríamos tener lo mismo que ella tenía. Ella había sido más rápida, más lista, más agresiva, más productiva, más periodista intrépida».

La otra gran infamia televisiva perpetrada a cuento del caso Alcácer fueron las innumerables horas que Pepe Navarro dedicó en su «Esta noche cruzamos al Missisipi» a las teorías más disparatadas sobre el crimen. En ese plató se mostraron fotografías de las autopsias de las niñas, se permitió que el criminólogo Juan Ignacio Blanco acusase a políticos y empresarios de estar involucrados en el crimen y se sentó ante las cámaras a Enrique Anglés pese a padecer graves problemas mentales. Precisamente suya es la frase que mejor refleja el despropósito en que se convirtió la cobertura mediática del caso: cuando el juez le recriminó por declarar ante el tribunal lo contrario que había dicho en el plató de «Esta noche cruzamos al Missisipi» Enrique replicó con esa franqueza que solo tienen los niños: «Pero estamos en un juicio, no en televisión».

¿Lo que el público reclama?

Y ahora, casi treinta años después, ¿hemos erradicado la serialización de las tragedias en nuestra parrilla? Para responder solo es necesario hacer un poco de memoria: Rocío Wanikoff, Marta del Castillo, Asunta Basterra, Diana Quer, Julen Roselló, Gabriel Cruz...«Ha habido muchos debates sobre lo de Alcácer, pero a la vista de los resultados está claro que no ha habido una reflexión seria, y si la ha habido es en un mero plano teórico, de buenas intenciones, pero no se traslada a la realidad», lamenta Fernández.

«Los errores del caso Alcácer no es que se hayan reproducido», continúa, «sino que se han visto corregidos y aumentado en el tratamiento de casos de alto interés informativo. Lo grave es que el morbo y el sensacionalismo se han convertido en elementos estratégicos para conseguir mejores cuotas de audiencia, y eso es una degeneración que el periodismo no debería permitir nunca». Para Fernández «el problema es que ese sensacionalismo se está contagiando yextendiendo a los programas informativos, y desde el CAA estamos muy preocupados porque esta corriente de amarillismo supone en muchas ocasiones la vulneración de derechos de las víctimas o personas allegadas».

Mariola Cubells ha escrito unas conclusiones igual de amargas: «Seguimos ofreciendo "lo que el público reclama". Dando información detallada que nada importa para el caso, que de nada sirve. Ahora no hay una sola Nieves, ahora hay centenares de Nieves y centenares de medios, formas y maneras. Esa es la diferencia».