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Mi casa es la tuya Shaila Dúrcal recuerda los momentos más difíciles de su adolescencia: «Esperaban que fuera perfecta»

Bertín Osborne viajó hasta Houston en el cierre de temporada de «Mi casa es la tuya» para charlar con Shaila Dúrcal

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Para la última entrega de la temporada de «Mi casa es la tuya», Bertín Osborne viajó hasta Houston para entrevistar a Shaila Dúrcal, la hija de la gran leyenda de la canción y reina de las rancheras, Rocío Dúrcal. La cantante madrileña, dispuesta a abrir su corazón en la charla, contó cómo había llegado a la ciudad norteamericana y cómo es su vida allí: «No tengo apego a los sitios donde he vivido. No sé si es porque perdí a mi madre y fue traumático verla en cada rincón». Shaila vive feliz junto a su marido Dorio y Aitana, la hija de él, pero confiee que sigue echando de menos a su madre: «Siento que desde que perdí a mi madre, las lágrimas me caen como un río. Lloro diferente desde que se fue, ahora se me caen las lágrimas con más peso».

Durante la sosegada conversación con Bertín, Shaila rememoró la muerte de su madre y la posterior separación de la familia, de la que salió especialmente afectado Antonio Morales Junior. No quiso evitar ningún asunto espinoso y confesó que la herencia fue motivo de discordia entre su padre y sus hermanos y uno de los motivos que llevaron a la familia a la ruptura.

Haciendo memoria se retrotajo hasta su adolescencia, una época que no fue nada fácil para ella. Dúrcal sufrió bullying en el colegio por «mi peso, mientras yo batallaba con el azúcar, cosa que sigo haciendo». A día de hoy, reconoció que sigue luchando contra la báscula debido a que tiene «poca fuerza de voluntad», pero afirma que se esfuerza por mejorar. Contó también que todo ese sufrimiento lo vivió en silencio, pues no quiso llevar los problemas a casa: «No lo contaba porque era muy introvertida, casi ni hablaba. Todo el mundo esperaba que fuera perfecta y mucho me lo comí todo. Y nunca mejor dicho».

Además, contó que en los estudios «siempre era la rezagada y no sacaba buenas notas, en parte porque no tenía papás que hiciesen conmigo la tarea. Mi madre, por ejmplo, fue muy poco al cole y a veces me preguntaba si una palabra era con h o sin ella».

«¿Y tienes resentimiento hacia tus padres por eso?», le preguntó Bertín. Shaila se lo pensó un rato y contestó que «no es justo que yo le tenga resentimiento por eso, porque ella también sufrió. También eso nos hizo madurar antes, mirándolo de otro modo». Bertín le dio la razón en ese punto: «Este trabajo es así, y esa es una de las carencias que tiene, el ver poco a la familia». Shaila zanjó el tema concluyendo que «frente a las cámaras todo es diferente, la educación también. Pero mi madre consiguió que saliésemos normales».

«Los estudios se me daban fatal y solo me gustaba la música, que siempre sacaba un 10», relató Shaila, «ya estaba claro a lo que quería dedicarme». Bertín le preguntó si a su madre le hacía gracia que ella quisiese ser artista: «Durante un tiempo dijo que mejor que me dedicase a otra cosa, pero luego le fue gustando más».

A todo esto llegó la hora de la comida, y Dúrcal le comentó irónicamente a Bertín que le había preparado un plato «muy estadounidense: una paella». Durante el almuerzo les acompañó Dorio Ferreira, marido y representante de Shaila, que aseguró que «aunque la gente está acostumbrada a ver su parte tierna, pero la Dúrcal tiene su carácter».

La artista derrochó positividad y optimismo durante toda la velada y compartió con Bertín algunos de los momentos más surrealistas que ha vivido a lo largo de su carrera profesional. «Fui a cantar a la Casa Blanca y me quedé encerrada en un baño», comentó mientras que su marido reveló que George Bush cayó rendido a los pies de su mujer, algo que no gustó a su esposa Laura.