ES NOTICIA EN ABC
La bola de cristal

«La bola de cristal» y «la sana labor de tocar las pelotas»

El programa, dirigido por Lolo Rico, «retó al estética dominante con estilo más irónico y rompedor»

La Bruja Avería era una de las protagonistas de «La bola de cristal»
La Bruja Avería era una de las protagonistas de «La bola de cristal» - ABC
Actualizado
Enviar noticia por correo electrónico

Lolo Rico falleció el pasado domingo en su casa de San Sebastián a los 83 años. Pese a su extensa carrera como escritora infantil y guionista televisiva, su nombre quedará irremediablemente ligado a «La bola de cristal» (1984-1988), el programa infantil de TVE que aunó la estética vanguardista de la Movida madrileña con las inquietudes sociopolíticas de los primeros años de la democracia. «Eran los años ochenta, el mundo ha cambiado muchísimo más de lo que nos parece», recuerda Antonio Rico, crítico de televisión de La Nueva España y profesor de psicología en la Universidad de Oviedo, que tenía veinte años la mañana de sábado en que conoció a la Bruja Avería y a los Electroduendes.

«”La bola de cristal” hacía una apuesta muy radical por propuestas alternativas», cuenta el crítico, «y era un programa de culto, que daba la identidad de pertenecer a un grupo selecto. Tenía ese componente de valor social que a veces se le da a la cultura». Lolo Rico creó un equipo diverso y transgresor, que tenía a pensadores marxistas (Carlos Fernández Liria, Santiago Alba Rico) escribiendo guiones y a los músicos más populares del momento (Alaska, Loquillo, Kiko Veneno, Santiago Auserón) componiendo su banda sonora. Para Antonio Rico, este elenco «retó la estética imperante, que era naif, pastelosa, hortera y cursi, con un estilo más irónico y rompedor».

Por aquel entonces era crítico de televisión en ABC Jorge Berlanga, hijo del célebre cineasta, y dejó escrito en estas páginas que «La bola de cristal» reflejaba «con sabiduría de vidente la estética de la modernidad con agudeza sembrada» y por eso era «el programa con más rica imaginación de TVE». Berlanga celebraba que «La bola» estuviese llena de «inventiva e ingenio, dominio del ritmo y conocimiento del lenguaje» y alababa a su directora por ser capaz de crear «un brillante tejido de ideas en libertad».

El guionista José María Clemente tenía quince años el día que se estrenó «La bola de cristal»: «Aportó un soplo de frescura en una televisión que se estaba transformando, en una época en la que, como dice Alaska, había miedo a no ser moderno». Efectivamente, nuestra parrilla estaba cambiando y ya se emitían formatos atrevidos como «La edad de oro» de Paloma Chamorro o «Caja de ritmos» de Carlos Tena. «En su momento “La bola de cristal” no se vivió tanto como una anomalía televisiva porque ya había programas en los que se respiraba una libertad creativa que la televisión no ha vuelto a vivir», lamenta Clemente.

¿Adoctrinamiento o crítica social?

«Paradójicamente ahora hay más censura, encubierta, que es la peor, que a mediados de los ochenta», explica Carlo Frabetti. El italiano, matemático y escritor, era el responsable de los guiones de «El librovisor», una sección del programa dirigida a un público preadolescente y que incitaba a la crítica política en clave de humor y sátira. «Creo que “La bola de cristal” demostró que se podía hacer otra televisión, más viva, más inconformista, más arriesgada, y además la propuesta tuvo éxito. Pero al poder no le interesaba esa propuesta, y no solo la cortó de raíz, sino que tuvo buen cuidado de que no volviera a repetirse», declara.

«En el momento en que vivimos ahora, con la autocensura, los linchamientos en los medios y sobre todo en las redes sociales», argumenta Clemente, «cualquiera de los sketches políticamente incorrectos de “La bola de cristal” sería acusado de propaganda, machismo, feminismo, travestismo…». No obstante, ya en su día se acusó al programa de pretender adoctrinar a los niños. «¿Y quién está libre de adoctrinar?», se pregunta Antonio Rico, «el adoctrinamiento es inevitable en cualquier contenido, sea infantil o no. El límite creo que está en la honradez de reconocer las cosas, en no pretender no estar haciendo lo que haces y fingir ser objetivo».

«Creo que no hay que adoctrinar a nadie, y menos a las niñas y niños», se defiende Frabetti, «otra cosa es la verdadera crítica social, que consiste en aportar elementos para la reflexión, no ideas preconcebidas». De todos modos, piensa Clemente, «casi ningún niño de la época recordará “La bola” como un programa político o marxista que intentaba adoctrinar, sino como un programa en el que salían unos muñecos, muchos músicos de la Movida, humoristas y series antiguas. Las iras en esa época iban más por el lado de la moral, contra el libertinaje sexual y musical, con escándalos como el de “Las Vulpes” y su canción “Me gusta ser una zorra”».

La libertad que disfrutaba «La bola de cristal» empezó a verse amenazada en 1986, cuando Pilar Miró fue nombrada directora general de RTVE. Miró empezó a supervisar con lupa los contenidos y a dar toques de atención cuando se burlaban de Reagan, Thatcher o Felipe González. Cansada de la censura y de recibir presiones, Lolo Rico dimitió dos años después debido a la supresión de un sketch que satirizaba la enseñanza privada. «El PSOE no canceló “La bola de cristal” porque fuera un programa progresista, sino porque ejercía la sana labor de tocar las pelotas», precisa Clemente, «era incómodo que en “La bola” existiera un “Ministro de Misiles” llamado Narciso Radar cuando el Ministro de Defensa se llamaba Narcís Serra». Berlanga lamentó en su columna de ABC que Lolo Rico fuese «condenada al ostracismo por ir delante de la maquinaria de la moral nacional».

Han pasado treinta años desde aquello y ya hemos hablado de lo mucho que ha cambiado el mundo en este tiempo. Para José María Clemente «“La bola” no ha dejado una herencia clara. Más bien ha dejado un recuerdo y un dedo, no el único, señalando ciertos vacíos de nuestra televisión». Antonio Rico sí que cree que «La bola de cristal» ha dejado su huella en la programación porque «algunos de los avances que aparecieron allí se han incorporado a muchísimos productos infantiles, como la duplicidad de los discursos y ese carácter ácido de sus ironías». ¿Y si volviese a emitirse «La bola de cristal»? «Sería un fracaso de audiencia», aventura, «hay que tener cuidado con la nostalgia, porque es terriblemente traicionera».