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El asesino de la catana da la cara: «Si era un psicópata, los hechos demuestran que ya no lo soy»

DMax emite este miércoles y jueves un documental con el testimonio de José Rabadán, 17 años después

El asesino de la catana (en la imagen con su familia) está casado y tiene una hija de tres años - DMAX
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«Te vas a pudrir en la cárcel», grita un vecino a José Rabadán, que había sido detenido en la estación de tren de Alicante cuando intentaba huir a Barcelona. Había matado con una espada samurái y un machete a sus padres y a su hermana de nueve años. La niña tenía síndrome de Down. Él asegura que «la adoraba». Así empezó el mes de abril de 2000 en Murcia. Han tenido que pasar 17 años para que aquel adolescente, supuestamente rehabilitado y reinsertado, cuente en público qué pasó por su cabeza. DMax lo desvela hoy y mañana, a las 22.30, en el documental de dos capítulos «Yo fui un asesino», escrito y dirigido por Juan Moya.

Lejos de pudrirse entre rejas, José Rabadán salió después de seis años en un centro de menores y otros dos en libertad vigilada. En 2017 ha rehecho su vida en Cantabria, con otra identidad. Tiene una hija de tres años y trabaja desde casa invirtiendo en Bolsa. Nadie sabe quién es, salvo su mujer. Hasta hoy, cuando el público le vea la cara. Todo ellos mientras una pregunta flota en el aire: ¿puede una persona con estos antecedentes llegar a rehabilitarse?

La fiebre por el «true crime» (crimen verdadero) llega a España con este controvertido caso. «Amanda Knox», «The jinx» (El gafe) y «Making a murderer» son ejemplos recientes de un género que inventó Truman Capote cuando escribió «A sangre fría». Es difícil no acordarse también de algún psicópata de la serie «Mindhunter».

Por qué lo hizo

Ni siquiera Rabadán es capaz de explicarse. Sí revela, aunque su testimonio pueda causar un íntimo rechazo, por qué ha roto su silencio: «He decidido dar la primera entrevista porque me he rehabilitado y siento que puede ser beneficioso para otras personas». Desde Cuarzo Producciones aseguran que no pidió un solo euro ni puso condición alguna para mostrarse al mundo.

La productora prefirió acudir a una cadena pequeña, especializada en documentales, con el sello de calidad de Discovery. En el espacio participan amigos y vecinos de la familia, policías, psicólogos, forenses, abogados y periodistas. Incluso la mujer de Rabadán habla en el segundo capítulo, aunque sin mostrar su rostro. El programa también ofrece, por primera vez, las imágenes que grabó la Policía cuando entró en el piso. Están editadas, de modo que se ven los regueros de sangre, pero no los cuerpos de las víctimas ni los rostros de los agentes.

Perfil psicológico

El acusado era un chico aficionado a los videojuegos, la cultura japonesa, las artes marciales y, al final, a las lecturas satánicas. Llevó a cabo sus peores fantasías casi en estado de trance, según su relato, aunque tampoco esconde que fue premeditado: «Recuerdo que me acosté con la espada debajo de la almohada».

Como tantos psicópatas, vivía atemorizado por su autoritario padre, exboxeador, que a la vez lo malcriaba. A veces se orinaba delante de él, actitud que contrasta con su frialdad posterior. En un traslado policial, se gira hacia la cámara y dibuja media sonrisa.

Tampoco lloró en el largo interrogatorio en el que acabó confesando. Dijo que sus padres lo estorbaban para cambiar de vida. A su hermana la mató «porque ya estaba planificado así». Uno de los psiquiatras lo catalogó como un narcisista sádico. La defensa alegó unos ataques epilépticos de los que no queda rastro.

José Rabadán era un joven atractivo. Ya detenido, las niñas del instituto iban a verlo. «Es que está buenísimo», justifica una. Él habla a la cámara sin emoción, con aplomo. «Yo no sé si la sociedad está preparada para mí o no. Soy consciente de que mucha gente va a seguir considerándome un monstruo. Si era un psicópata, los hechos demuestran que ya no lo soy».

Rabadán también cuenta cómo logró recuperarse. Cuando salió del centro de menores, entró voluntariamente en la asociación evangelista Nueva Vida. La religión le permitió cambiar el mal que llevaba dentro por una luz que quiere compartir. «No se puede vivir con ese recuerdo. Sentía una pérdida, un dolor extremo. Cristo me compró con su preciosa sangre».

Javier Urra, que participa en el espacio, le pide que no siga mostrándose, que no dé mas entrevistas ni aparezca en televisión, que no escriba un libro. «Me parecería abominable que quiera vivir de esto. Vean el documental y olvídenlo, sin más morbo». El director, Juan Moya, tiene otra petición, que «no se olvide que las tres víctimas son las asesinadas».

Ley del Menor

El asesinato de la catana tuvo consecuencias legislativas y sociales, ya que fue el primero en el que se aplicó la Ley del Menor. Rabadán cumplió una pena que muchos consideran ridícula. seis años más dos en libertad vigilada. Javier Urra, doctor en Psicología y defensor del Menor entre 1996 y 2001, participa en el documental e incluso entrevista al protagonista. Entiende las quejas, pero asegura que la condena no podía ser más alta. «La ley sanciona con esos ocho años, no hay más, salvo en casos de terrorismo: ocho más dos». El conductor de la furgoneta en los atentados de Barcelona también habría cumplido ocho años, insiste. Urra defiende la ley: «Jamás la critican jueces, abogados, fiscales, la gente que trabaja con ella. Es la mejor posible, aunque a lo mejor es el momento de modificarla, porque sufrimos terrorismo y cuando los menores cumplen 18, se quema el expediente. Y en casos de violadores, por ejemplo, el riesgo de reincidencia es alto».