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Israel no puede evitar el boicot desde dentro del certamen

Tanto Madonna como los islandeses aprovecharon su oportunidad para dar voz a reivindicaciones políticas

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Eurovisión no es política. Lo han repetido, hasta la saciedad, los organizadores del concurso, pero bien es sabido que la cultura es, al final de todo y sobre todo, política. También la música y los artistas lo son. ¿Quién podría pensar que en una edición marcada por la petición de boicot a Israel tantos países iban a dejar al margen sus diferencias?

A pesar de la aparición de una activista en la semifinal del pasado jueves, no fue hasta este sábado cuando el boicot se coló en pantalla, emitiendo para todo el mundo. Y lo hizo de la mano, nada más y nada menos, que de Madonna. La súper estrella internacional por la que, además, un multimillonario canadiense-israelí había pagado un millón de dólares. Madonna, que había recibido múltiples críticas por aceptar el encargo, pisó el escenario de la Expo de Tel Aviv para hacer, claro, de la política el centro de su actuación. El «Wake up» («despertad») nada aleatorio del final de su intervención fue solo la guinda de una actuación cuyo mayor mérito es haberse reído del sistema desde dentro del propio sistema.

La reina del pop interpretó su icónica «Like a prayer» y su nueva «Future» junto al rapero Quavo como una crítica a las religiones que acaban, como sus bailarines, por la gente por los suelos. Con máscaras de gas incluidas, dos miembros de su equipo de baile acabaron abrazándose cada uno bajo la bandera israelí y la palestina. A pesar de que desde realización trataran de ocultarlo, quizá fue demasiado tarde. Madonna no tenía ya más que añadir.

Por otra parte, Hatari, los representantes de Islandia que buscan, según cuenta, romper con el capitalismo (y para ellos Eurovisión era solo el primer paso), también desafiaron a la organización y realización del programa televisivo más seguido de todo el mundo. Israel emitió por unos segundos, porque ellos mismos estaban grabándolo, las banderas de «Free Palestine» («Palestina libre») que los islandeses mostraron al conocer su puntuación en el televoto. Ellos mismos se grabaron cuando miembros de la organización les decían: «Dame esa bandera».

Un boicot emitido, en vivo y en directo, por la televisión pública israelí para todo el mundo.