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La Eurovisión nazi que pretendía crear Hitler en 1943

Tras la batalla de Stalingrado, Alemania necesitaba inventar una manera de unir a posibles países afines

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La actriz (y también cantante) Marlene Dietrich fue una de las más seguidas en Alemania
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Fue un 3 de febrero de 1943. La arriada de bandera de las fuerzas nazis que sitiaban Stalingrado significó su derrota denitiva. Una humillación, pues el ejército de Adolf Hitler tenía la obligación de suicidarse si ya no podía más, tal y como les reprochó el dictador a sus tropas tras conocer su capitulación ante los soldados de la URSS. Se sucedieron entonces malos tiempos para Hitler, el Tercer Reich necesitaba mantenerse en el poder, y fue a sus altos cargos a quienes se les ocurrió una estrategia que cambiara su imagen. Nada mejor que que las canciones para unir.

Sin saberlo, estos altos cargos del gobierno alemán estaban adelantándose a una iniciativa que, precisamente para unir al continente devastado tras la II Guerra Mundial, nació en 1956 y que actualmente se conoce como el Festival de Eurovisión, que este año celebra su edición número 64. Este «concurso» que idearon, sin embargo, años antes desde Alemania, formaba parte de una serie de instituciones e iniciativas culturales que, en su conjunto, iban a servir para unir a esos países afines al régimen.

Fue el Ministro de Asuntos Exteriores alemán, Joachim von Ribbentrop a quien se le ocurrió crear una Confederación Europea, que agruparía a países como Francia, Dinamarca, Noruega, Finlandia, Eslovaquia, Hungría, Rumania, Bulgaria, Croacia, Serbia y Grecia. En duda, debido a su neutralidad, estaba la participación en este organismo de la España de Franco. Por su parte, Bélgica, los Países Bajos y Luxemburgo no se incluyeron en esa lista, ya que ya estaba decidida su integración en el Reich.

Sin éxito

Sin embargo, von Ribbentrop no supo convencer del todo a los líderes del momento. Su iniciativa pretendía crear una moneda común (un euro actual) con su banco correspondiente, además de una política laboral y económica para todos los países englobados en esta Confederación. Esos países quedarían de alguna manera subordinados a Alemania.

Este tipo de propuestas «más serias» no pudieron llevarse a cabo, y fue entonces donde los alemanes vieron la oportunidad de expandir su influencia a través de la cultura. Su política cultural fue la que sirvió para llegar a acuerdos internacionales. En los encuentros entre estos países, uno de los temas que más se trataba era el de Europa, creando la Competición Cultural de la Juventud de Europa, la versión nazi del actual festival de Eurovisión. El trofeo que se otorgaba, lejos del actual micrófono de cristal, se llamaba «Premio Weimar».