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¿Por qué Eurovisión es un fenómeno gay?

Eurovisión salió del armario, en parte, gracias a algunos de sus ganadores, que sirvieron para reivindicar el certamen europeo como un festival abierto, moderno y tolerante, conformando un icono para la comunidad LGTB+

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Conchita Wurst, ganadora de Eurovisión
Conchita Wurst, ganadora de Eurovisión
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Purpurina, música pop y un público masivo detrás. Pero, sobre todo, un mensaje de unidad y mucho espectáculo es lo que han hecho de Eurovisión un festival seguido durante años por millones de personas. El año pasado, el certamen europeo logró un récord de audiencia al reunir frente a los televisores a más de siete millones de espectadores, anotando un 43,5% de cuota de pantalla.

[Guía rápida para entender el funcionamiento de Eurovisión]

Las claves para entender el impacto del certamen, organizado por la Unión Europea de Radiodifusión, pasan por entender que es algo más que un evento musical. Pero, ¿por qué tiene tanta incidencia Eurovisión entre el público gay?

Según Peter Rehberg, periodista alemán que escribió el ensayo titulado «Nacionalidad queer en el festival de Eurovisión», el certamen otorga a la comunidad LGTB un derecho patriótico que se le niega en otros campos.

«Muchos de nuestros fans más entregados al concurso, aquellos que siguen a Eurovisión durante todo el año, son de la comunidad LGTB. Este hecho no ha pasado inadvertido», aseguró Sietse Bakker, supervisor de eventos de Eurovisión, hace años en una entrevista a FRANCE 24.

Si durante el inicio del certamen europeo, en la década de los cincuenta y sesenta, las canciones eran más convencionales, desde los setenta la competición se ha convertido en un fenómeno más llamativo.

«El glamur, el espectáculo... son todas esas cosas en las que los hombres gay invierten para alejarse de las normas de la masculinidad», afirmó en su día el profesor Brian Singleton, autor del estudio «Creando la red queer. Fans y familias en el festival de Eurovisión».

Eurovisión salió del armario, en parte, gracias a algunos de sus ganadores, que sirvieron para reivindicar el certamen europeo como un festival abierto, moderno y tolerante, conformando un icono para la comunidad. Desde Izhar Cohen, ganador en 1978 con «A-ba-ni-bi», que reconoció años más tarde que era homosexual a la transexual Dana Internacional. La israelí ganó Eurovisión en 1998 con su «Diva» y abrió el camino para que otros y otras después hicieran lo mismo después.

Los ejemplos sobran: la serbia Marija Serifovic (2007), el israelí Harel Skaat (2010), el irlandés Ryan Dolan (2013)... Ese mismo año, Krista Siegfrids cerró su actuación besando a una de sus bailarinas sobre el escenario. Y, por supuesto, Conchita Wurst, que con su barba y sus lentejuelas hzo historia al ritmo de «Rise Like a Phoenix». Un personaje ideado por el cantante austriaco Thomas Neuwirth definido por sí mismo como una mujer barbuda, creada como «una declaración de la tolerancia y la aceptación, ya que no se trata de apariencias; es sobre el ser humano».