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Todo es mentira También esto es mentira

Hace ya tiempo que Cuatro se pegó un tiro en el pie y desde entonces atraviesa una penosa agonía

Risto Mejide junto a su equipo de «Todo es mentira»
Risto Mejide junto a su equipo de «Todo es mentira» - CUATRO
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Yo no quiero ser malpensado ni pecar de conspiranoico, pero al estreno de «Todo es mentira» le rodean unas circunstancias demasiado jugosas como para no echar a volar la imaginación, ¿o acaso también yo miento? El programa en cuestión no es sino un sucedáneo del «Zapeando» de La Sexta, pero en la versión de Cuatro tenemos al Risto Mejide héroe, casi personaje mitológico, que nos hace un favor levantándose de la siesta para destapar las mentiras que, ignorantes de nosotros, siempre nos tragamos. Porque Risto Mejide si no es para posar de héroe, ya sea como jurado de un talent show o como entrevistador estrella, no se mueve de la cama (¿también esto es mentira?).

Podría pensar que la providencia quiso que el debut de «Todo es mentira», donde Risto se nos convierte en un prohombre de la verdad, tuviese lugar al día siguiente de la liquidación de los informativos de su cadena. Podría pensar que fue así, que fue cosa del azar, pero seguramente sería mentira. Hace ya tiempo que Cuatro se pegó un tiro en el pie y desde entonces atraviesa una penosa agonía. Eso es lo que pienso yo y lo que pensará cualquiera con dos dedos de frente. Pero los señores italianos que mandan en Mediaset, uno de los cuales mandó también en Italia, tienen un criterio muy distinto.

Para ellos la clausura del telediario en Cuatro no es un síntoma de la irremediable decadencia de su canal. Los italianos lo ven como la ceremonia inaugural de una nueva cadena que al fin puede prescindir de los informativos y dedicar toda su programación a la estulticia y la nadería. Para Vasile&Co esto no es más que un rito de paso como los de las tribus primigenias, que mandaban a sus jóvenes a la montaña una temporada y volvían adultos. Cuatro alcanza ahora su mayoría de edad y ya está lista para seguir los pasos de su progenitor, es decir, de Telecinco.

Ahora que la información como tal no tiene cabida en el segundo canal de Mediaset, sus directivos han optado por un género híbrido en el que se dan noticias pero solo como pretexto para la parodia y el espectáculo. Y ahí es donde aparece Risto, avezado conocedor de las necesidades del mercado, con un programa «decidido a atacar la mentira con el arma más peligrosa que existe: el humor». El negocio es redondo: prescinden de los periodistas, que siempre son protestones y salen caros, para hacer un programa de refritos informativos y chistes malos.