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Masterchef

La realidad podría herir su sensibilidad

El Defensor de la Audiencia de TVE invita a «MasterChef» a mostrar un mundo en la que los filetes brotan ya desplumados y envasados al vacío

TVE
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Del último informe del Defensor de la Audiencia de TVE ha tenido repercusión sobre todo su reprimenda a «MasterChef» por mostrar imágenes del despellejamiento de una liebre. La queja de una telespectadora de la que no conocemos más que su nombre de pila, Ana, calificó la escena de «asquerosa y deleznable», más aún en tanto que había sido pagada “con mis impuestos”. El argumento con el que el Defensor de la Audiencia ha convertido en una orden el capricho de Ana y otros telespectadores es tan precario como hipócrita: «Es absolutamente innecesario y provoca el rechazo de parte de nuestra audiencia».

Apostaría sin miedo la mano con la que escribo estas líneas a que no se emite en TVE, ni en ninguna otra cadena, ni un solo contenido que no sea susceptible de «provocar el rechazo de parte de la audiencia». Salvando las distancias, sería tan desastroso que la televisión pública se abstuviese de emitir determinadas imágenes para no herir la sensibilidad de la audiencia como que los planes educativos renunciasen a explicar el Holocausto o el genocidio ruandés para no trastornar los estómagos de los alumnos más delicados (¡y encima con sus impuestos!). Televisión Española se escuda en un emotivismo primario y elemental de «no herir sensibilidades» que entra en contradicción con la labor pedagógica que se le supone a una cadena pública.

Además de endebles, las razones del Defensor de la Audiencia son de una hipocresía difícil de soportar. Pareciera que para TVE todas las sensibilidades son iguales, pero unas sensibilidades son más iguales que otras. Pues de ser cierto que la salvaguarda de la sensibilidad de la audiencia es la preferencia de TVE, ¿por qué razón el mismo informe defiende la entrevista a Otegui que también provocó «el rechazo de parte de la audiencia»? Sin duda que se pueden alegar criterios periodísticos para justificar la entrevista con el líder abertzale, y pienso que esos criterios han de prevalecer sobre la volátil susceptibilidad de la audiencia. Pero también creo que existen criterios educativos que pueden avalar la emisión en un programa de cocina del despellejamiento de una liebre. Nunca olvidaré la sorna con la que un paisano de no sé qué aldea asturiana se burlaba de que muchos niños creían que la carne venía del supermercado.

Y es que esta purga de imágenes incómodas es representativa de lo que el pensador surcoreano Byung Chul Han ha denominado «la expulsión de lo distinto». Todo lo relacionado con la muerte, que es un proceso consustancial y necesario para la cocina, ha de hurtarse a la vista de los espectadores para mostrar una realidad en la que los filetes brotan ya desplumados y envasados al vacío. Nada puede impactar o desagradar al espectador, que espera del entretenimiento televisivo una inmersión en un mundo aséptico y sin conflictos. Es de suponer que la tal Ana se quejó a TVE guiada por sus sentimientos compasivos hacia los animales, pero ha de saber que flaco favor le hace a su causa pidiendo que se censuren esas imágenes. Si yo fuera animalista no solo querría que se emitiese el despellejamiento de la liebre, sino también su sacrificio, para que así los espectadores fueran conscientes de cómo se hace la carne que acaba en su plato. Ver o no ver, esa es la cuestión.