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A partir de hoy Máximo Huerta y la vida mártir

El fugaz Ministro de Cultura vuelve a la vida pública con una tertulia veraniega en TVE

TVE
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Máximo Huerta ha enterrado a su álter ego Màxim para recuperar el nombre de su padre en su vuelta a la arena pública. Sus seis días como Ministro de Cultura, allá por junio de 2018, dejaron fatigado a nuestro hombre, que desde entonces dormía la mona y se recuperaba de tan extenuante vivencia. Ahora, y todavía lamiéndose las heridas, reaparece por todo lo alto en circunstancias muy distintas y mucho más acordes con su naturaleza: como presentador de una sosegada tertulia veraniega, «A partir de hoy», en la que se charla sobre moda, cócteles, playas y hoteles.

Huerta arrancó su primer monólogo presentándose como un hombre renacido tras un año de suplicio en el que «se me llamó de todo». Con una naturalidad un tanto afectada, compareció ante sus tertulianos prometiendo que no iba «a disimular lo que he sido, y podéis preguntarme lo que queráis». Entonces, la previsible ronda de preguntas-masaje, anécdotas desenfadadas y cotilleos de pasillo. El tono es más o menos el mismo para cualquier tema y también en las entrevistas. Nunca se va más allá de la curiosidad superficial o del exotismo más hortera.

Ante todo, el presentador se empeñó en mostrar las dolorosas llagas que le habían quedado de su fugaz experiencia ministerial. Pero al fin y al cabo, vino a decir Máximo, los más perjudicados en todo esto hemos sido los ciudadanos, que no vamos a poder disfrutar de un Ministro de Cultura tan enrollado como él. Tras desechar una candidatura política, Huerta se postula ahora para obtener una plaza en el panteón de los mártires televisivos, donde seguro que se cobra mejor y se trabaja menos.

Y eso de trabajar poco parece que va en el mismísimo ADN de «A partir de hoy», pues el exministro que lo presenta reconoció en su estreno que aquello no era más que «una corrala para mirar la calle, observar y comentar la vida». Vamos, una nadería bien maquillada y que cualquiera se puede tragar sin enterarse una mañana cualquiera de verano. Un programa leve e insulso como un granizado que solo lleva hielo: no tiene sabor pero al menos refresca y no conlleva una digestión pesada.