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MasterChef Noche de chapuzas y zancadillas en los fogones de «MasterChef»

El talent show culinario de TVE tuvo a sus concursantes poco espabilados en el programa de esta semana

Samantha, una de las jueces de MasterChef, con unos pendientes con la cara de Jordi Cruz, su compañero de jurado
Samantha, una de las jueces de MasterChef, con unos pendientes con la cara de Jordi Cruz, su compañero de jurado - TVE
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Por motivos que merecerían la atención de un sociólogo, de unos años para acá los chefs de vanguardia, los más exquisitos y rebuscados, se han convertido en objetos de la fascinación popular casi al mismo nivel que futbolistas, músicos y actores. Del mismo modo que unos se apuntan a «La Voz» o a «Operación Triunfo» viéndose sobre el escenario de un estadio abarrotado, los aspirantes de «MasterChef» aspiran a montar un restaurante en el que ningún plato de la carta baje de los 30 euros.

La competición entre los concursantes es encarnizada, aunque todo viene bien regado por una salsa de cordialidad espesa y un tanto empalagosa. Para no aburrir a los comensales «MasterChef» utiliza un ingrediente que ya ha demostrado ser muy resultón en otros talents show con los que nos ha atragantado la televisión: el del juez estricto e implacable dispuesto a humillar a los aspirantes. Aquí el papel le ha caído a Jordi Cruz, un Risto Mejide entre fogones que abronca a los cocineros si su plato tiene un grano de sal más de lo debido.

Por supuesto que los concursantes también le dan sabor al programa con sus broncas y con las zancadillas que se ponen entre ellos. El conflicto es muy diplomático y de guante blanco en la primera prueba del programa: este jueves los aspirantes tuvieron que elegir los doce productos con los que debía cocinar uno de sus compañeros. El resultado final da fe del criterio que siguieron llenando la cesta de la compra: casi ninguno de ellos hizo un plato que gustase al jurado porque todos habían recibido una cesta con alimentos imposibles de casar.

En la prueba de equipos, cuando los niños ya están en la cama, se abre la veda y desaparecen los disimulos. Cuando hay que cocinar en grupo es cuando aparecen los roces y las peleas. En la edición de este año la camorrista más destacada es Oxana, una rusa de muy mal carácter a la que casi todos sus compañeros tienen cruzada.

Esta semana la prueba de equipos se celebró en el puerto de Santoña, en Cantabria, donde los aspirantes debieron cocinar un menú a base de alimentos de la zona para dar de comer a los notables del lugar. En este caso eran cincuenta personas dedicadas a la captura y conservación de la pesca cantábrica. Los resultados no fueron muy alentadores, demostrando que no habían llegado a dominar la anchoa de Santoña. No anduvieron muy finos los aspirantes en el programa de este jueves.

Para cerrar la noche en «MasterChef» programaron una de esas pruebas pedantes y refinadas que aparecen de vez en cuando en el talent. Los concursantes se enfrentaron a una prueba de «Food pairing», una novedosa técnica culinaria para combinar alimentos que comparten partículas aromáticas. Al final del programa se llega con legañas en los ojos, pues termina casi a las dos de la madrugada, y con un hambre muy cruel, pues resulta decepcionante levantarse y no tener sobre la mesa uno de esos platos que preparan en el programa.