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Hughes .Hughes .

GH VIP Jauría y prejuicio

Como diría Mónica Hoyos: «Valores, tía, valores»

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La afición al «GH VIP» se divide en los que ven el 24 Horas (hay gente enganchada) y los que solo ven las galas (los galeros). Los «galeros» se enteran de pocas cosas, los otros de casi todo.

«GH VIP» está en el momento en que se desmoronan las personalidades. Darek ya está nominado. Se le acusa de «mueble». Siempre porta una taza y tiene la expresión de alguien subido a un telesilla en Aspen. Luego está Suso, el tronista, que se creía un experto en realities. «A mí dame cuatro paredes y tiempo». Ahora se lo está comiendo el concurso. Ya hay una recogida de firmas para expulsarle por machista y el domingo le enviaron a su madre para apaciguarle los arranques. «¿Hijo, te estás tomando las flores de Bach?». Es una terapia floral que al parecer templa los nervios de Suso. O sea, que si no lo echan por el machismo lo echan por la homeopatía. A Omar (ex de Chabelita) también le acusaron de machista. Llegó a leerse incluso «apología de la violación». Cualquier cosa. Al llegar al plató le ofrecieron un equipo de psicólogos. No podía rechazarlo. «Tienes un problema. No, no. No digas nada».

Tenemos por un lado a los querubines ideológicos de «OT», que abuchean a Ana Torroja, no se depilan y descubren que «arreglarse» es verbo autoritario, y luego estos especímenes de «GH» a los que llevan de la tele directos a reeducación psicológica. Nos falta mucho aun para ser como debemos ser. Es obvio, que diría Chabelita. Màxim Huerta habló ayer en la SER de su fugaz paso ministerial y denunció «jauría y prejuicio», un título magnífico para cualquier cosa. Lo primero era inevitable, lo segundo fue desagradable. Hubo muestras de homofobia contra él, algunas perpetradas por ínclitos liberales. Como dice Mónica Hoyos (aka Pollos): «Valores, tía, hablemos de valores». Hay que ser como Ángel Garó. ¿Histérico? No. «Yo soy vehemente en la verdad». Ha sido el último en romper a sí mismo y se ha enfadado con el Súper y con los compañeros renunciando a la cocina y el confesionario. También con el público. «Han votado que no les gustó la obra... pero también votaron a Hitler». Ser Garó. Vivir así. Con la conciencia de un Weimar alrededor.