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Sálvame

Ola de calor radioactivo en «Sálvame»

Programar un escándalo de vez en cuando es una costumbre sanísima y vigorizante para «Sálvame» y demás espacios de mala muerte y peor vida

TELECINCO
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Este tsunami canicular que empieza ahora a derretirnos los sesos lleva ya unos días caldeando las tertulias de «Sálvame», ya de por sí proclives a lo tórrido y calenturiento. Las temperaturas máximas en el plató de Telecinco suelen rebosar el límite de lo prudencial; aunque hay ocasiones en las que los residuos radioactivos allí congregados disparan el termómetro hasta convertir aquello en una nueva Prípiat: ¿Chernóbil naranja o Chernóbil limón?

Consideraciones atmosféricas al margen, el último gran evento farandulero y la recta final del reality robinsoniano de Telecinco han tensado la convivencia de los sapientísimos colaboradores de «Sálvame». La primera víctima de la temporada estival de puñaladas fue Lydia Lozano, cuyos compañeros desvelaron el vestido que iba a llevar a la boda de Ramos y Pilar Rubio. Puede parecer una menudencia, pero en el mundo de Telecinco se contrata a un sicario por mucho menos. Mila Ximénez aprovechó la coyuntura para tachar de histérica y teatrera a su compañera, aunque luego fue ella la que hizo amago de darse el pire con aspavientos de digna: «Me voy de aquí. Hoy no voy a trabajar contigo. Me da igual que no me paguen».

Programar un escándalo de vez en cuando es una costumbre sanísima y vigorizante para «Sálvame» y demás espacios de mala muerte y peor vida. Pero es que estas primeras tardes de verano están saturando tanto el calendario de altercados que uno sospecha que los camorristas profesionales de Telecinco están exprimiendo lo que queda de junio para poder pillarse vacaciones hasta septiembre. También Jorge Javier, que es quien arbitra el cotarro, embiste y entra al trapo si es preciso para que la faena no quede sosa.

JJ es un hombre tolerante y comprensivo, dotado de una sensibilidad exquisita y una empatía infinita hacia sus tertulianos. Pero es hombre al fin y al cabo, con sus limitaciones y sus pecados como otro cualquiera. Y JJ tiene muy claro dónde está su límite: allí donde empieza a cuestionarse la probidad de sus espléndidos pagadores (Vasile&Co). La última en franquear ese tope fue Gema López hace pocos días, que sufrió en sus carnes toda la furia del presentador, que incluso dijo que le había perdido el respeto. Ya se sabe: con las cosas de comer no se juega.