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GH VIP La audiencia ofendida

Aunque resulte difícil de creer, hay gente que se sienta a ver «Gran Hermano VIP» como si fuera «Barrio Sésamo»

TELECINCO
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De la edición en curso de «Gran Hermano VIP» empieza a interesarme más lo que leo en Twitter que lo que veo por televisión. Al fin y al cabo los concursantes no encierran grandes misterios: una modestísima inteligencia, un narcisismo desmedido y una absoluta falta de pudor. Los espectadores me resultan mucho más entretenidos y me plantean cuestiones existenciales, casi metafísicas,

de mayor enjundia.

Sin ir más lejos, esta última semana me ha enternecido el llamamiento insurreccional de la audiencia: «apagón», «boicot» contra «Gran Hermano VIP» por «tongo», «manipulación» y «fraude». Todos los jóvenes quieren participar en una revuelta al menos una vez en la vida, y la coartada para la del otro día era inmejorable: las elites plutocráticas que manejan Telecinco humillan a los humildes y honrados espectadores, que llegan a su casa tras partirse el lomo en el trabajo y solo quieren disfrutar de una gala de «Gran Hermano VIP» justa y transparente. Tal vez en unas semanas veamos grupos de activistas encadenándose a la puerta de Telecinco o espontáneos desnudos interrumpiendo a JJ en medio del programa.

Pero no son solamente los amaños de Telecinco lo que solivianta a las masas. Aunque resulte difícil de creer, hay gente que se sienta a ver «Gran Hermano VIP» como si aquello fuera «Barrio Sésamo». La audiencia se queja de los tacos, de las peleas y de las faltas de respeto entre compañeros pero, ¿acaso puede haber «Gran Hermano» sin tacos, peleas y faltas de respeto? Esta es una de las cosas que me intriga de los espectadores, y es que no acabo de entender qué es lo que esperan de «Gran Hermano VIP» ni qué es lo que valoran en sus concursantes.

Me gusta pensar que si no lo entiendo es porque no hay nada que entender, pues la audiencia siempre se contradice a sí misma. La audiencia se escandaliza con los ataques de cólera de Ángel Garó y con las bravuconadas de Suso, pero la favorita de la audiencia es la insoportable vocinglera de Miriam Saavedra. En un formidable ejercicio de fariseísmo el público y Telecinco, haciéndose pasar por guardián de las buenas costumbres, se llevan las manos a la cabeza y llaman al orden en la casa de los horrores de Guadalix.

«Gran Hermano VIP» recluta a sus concursantes en las más sórdidas covachuelas del famoseo patrio (ahí tienen a Omar Montes, a Tony Spina, a la inefable Aramís Fuster) y la audiencia aplaude entusiasmada a la plantilla. Ahora ya no vale escandalizarse.