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OT 2018 Purgas lingüísticas

María y Miki quieren hacer una adaptación moral de una canción de Mecano, pues les parece ofensiva la palabra «mariconez»

Ana Torroja sentada a la mesa del jurado de «Operación Triunfo»
Ana Torroja sentada a la mesa del jurado de «Operación Triunfo» - tve
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A ojo, yo diría que existen varios cientos de versiones de «Hamlet». La canción «Yesterday», de The Beatles, figura en el libro Guiness como la más versionada de la historia con siete millones de adaptaciones, y supongo que cada una será de su padre y de su madre. Pues esta semana se ha montado gorda en «Operación Triunfo» porque resulta que a las canciones de Mecano no se les puede tocar ni una palabra.

Ana Torroja, que posó como víctima de la censura y abanderada de la libertad de expresión, haría bien en escuchar los consejos de Manuel Machado cuando escribió aquello de «procura tú que tus coplas/vayan al pueblo a parar,/aunque dejen de ser tuyas/para ser de los demás». Pero la de Mecano fue muy tajante y escribió en Twitter, mayúsculas incluidas, que «NADIE puede modificar una letra sin permiso del autor». Allá ella, pero que recuerde cómo empezaba el poema: «Hasta que el pueblo no las canta, / las coplas, coplas no son/ y cuando las canta el pueblo, /ya nadie sabe el autor».

Admito que el problema no es tan sencillo, y es que no se trata de una adaptación artística sino puramente moral: no se quiere usar la palabra «mariconez» porque se considera ofensiva. Ya hay entre nosotros una generación a la que le parece inadmisible decir «maricón» en una canción, y eso es algo que en parte debería alegrarnos. Digo en parte porque tampoco es cuestión de ponerse a resetear la historia cultural de la humanidad, a no ser que el Ministerio de Cultura tenga en nómina a varias decenas de funcionarios ociosos.

La generación que ahora participa en «Operación Triunfo» se ha dado cuenta de que las palabras no son inocentes. Pero, con el atolondramiento propio de los adolescentes que son, han acabado por concluir que las palabras son las únicas culpables. Estas purgas lingüísticas, tan en boga los últimos tiempos, son una variante más del pensamiento mágico: «si no lo nombro, no existe». Los chicos de «OT» tienen buen corazón, pero su andamiaje intelectual aún está a medio montar.

Ahora lo que queda por ver es si habrá insubordinación en la gala o si los triunfitos se arrugarán ante la autoridad suprema del jurado. María y Miki, los dos rebeldes, estarán ahora consumiéndose en interrogantes existenciales: ¿Merece la pena desafiar al jurado por una sola palabra?, ¿es realmente ofensivo decir «mariconez» en una canción? El miércoles sabremos a qué conclusiones han llegado.