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La invasión de las chonis vivientes

Con la choni madre de crucero, las chonis secundarias se han echado a los platós

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Con la choni madre de crucero, las chonis secundarias se han echado a los platós. Belén Esteban se embarcó en Venecia de vacaciones pero el serrallo pasado y presente de Jesulín ha salido de la tumba para contarlo todo, desde qué desayuna («café bombón») a qué tamaño calza («salchicha Frankfurt»). No es «La pesadilla de Jesulín», como se tituló el especial de «Sálvame Deluxe» del miércoles sobre el torero y sus amantes, es la pesadilla de cualquiera con sensibilidad que ponga la tele y vea esa exposición chanante de mujeres. O las medio vea, como en el caso de la chica a la que hicieron una cámara oculta. Al parecer, es la amante actual.

Visto lo visto, quizá aparecer con la cara pixelada sea lo mejor que le puede pasar a una presunta amante de Jesulín. Por un lado, me resulta adorable esa querencia contumaz del muchacho por las feas (algo parecido le pasa a Francisco Álvarez Cascos, aunque las de éste, algunas, sean más finas). Por otra, me abruma el casting, del que Diane Arbus habría sacado mucho provecho. Era como la grada de «Mujeres, hombres y viceversa» pero peor (Jesulín haría en este caso de tronista ausente). No hace falta ser Cecil Beaton para sentir cierto repelús ante la falta de buen gusto. No es que esas señoras no sean las distinguidas Forzane, Madame Errázuriz o Lady de Grey, es que el chonismo hiperbólico de las jesulinas se desparrama como una gaseosa agitada en el mantel de hule. Antes de que Bigas Luna hiciera teoría de poligonismo con «La Juani», ya había una Juani más famosa.

Una novia del de Ubrique, claro. Una muchacha de buen año que cimentó su fama televisiva no tanto en haber estado con el torero como en haber popularizado la postura de la lechuga, para la que era preciso llevar el traje de gitana puesto y levantárselo (él) por detrás. Una vez, la Juani (la de Jesulín, no la de Bigas) fue al polígrafo de «A tu lado» y se sometió a las preguntas de Emma García, que, sin inmutarse, le planteó: «¿Te hacía Jesulín de Ubrique la postura de la lechuga?». Ella dijo que sí y la voz en off del polígrafo confirmó: «Eso es verdad». Pues esta Juani ha reaparecido en compañía de otras juanis. Una de ellas es Verónica Salas, también de tamaño Venti (denominación extra grande y extra tonta del Starbucks). Verónica se ha arreglado los dientes y es la que, como amiga (amárrame los pavos), ha perpetrado la cámara oculta a la chiclanera Carmen, que dice ser la actual favorita del torero.

El demimonde y las cocottes ya no son lo que eran. La pobre aparece en el vídeo contando que le ha puesto un piso o que la ha quitado de trabajar. La otra (Verónica Salas) dice ser amiga suya desde hace tres años y medio o así. Rosa Benito (aka Venenito) le aseguró que si es amiga suya y le hace eso la arrastra de los pelos. Joan Fuster escribió que vivir es traicionar. También que ser perseguido es ya una victoria (el torero gana y bien). El gran ensayista valenciano tiene mucho acomodo para este jesulinismo rampante. Para esta fijación con los de Ubrique y lo de alrededor. Lo que no me queda muy claro es si se trata de una atracción por lo diferente o por lo igual. O por el circo, que a veces es literal. Nati, una de las amantes, relató la primera vez de Jesulín (éste se la había contado): «Había un circo cerca de Ubrique y se iba con la enana cada noche. Me dijo que la ponía así y le daba vueltas».

Mientras (o antes, que la pesadilla duró más), España le metía seis goles a Polonia. Claro que había mucha más gente viendo el partido (6.511.000 de espectadores) que este retablo espeluznante. Pero casi dos millones ya está bien para el muestrario de jennys, chonis, poligoneras y el gran Cani.