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«A cara de perro» pone el foco en las pésimas condiciones de un delfinario de Barcelona

Las instalaciones no cumplían con la normativa puesto que la piscina tenía un tamaño siete veces menor de lo que exige la norma y tendrá que cerrar en 2019 si no la renuevan

Imagen del delfinario de Barcelona donde Javi Roche pudo observar las precarias instalaciones
Imagen del delfinario de Barcelona donde Javi Roche pudo observar las precarias instalaciones - TWITTER
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La cuarta entrega de «A cara de perro» prometía destapar casos de gran dureza. Pero, en uno de ellos, la actuación de Javi Roche fue fundamental para mostrar la realidad de un delfinario en Barcelona, debido a que incumplía las condiciones exigidas de habitabilidad por los organismos reguladores.

El Chatarrero recibió una llamada que alertaba sobre el precario estado de las infraestructas del delfinario de Barcelona. Un centro que, debido a que tiene las piscinas obsoletas en cuanto al tamaño exigido, deberá cerrar definitivamente si no subsanan estos errores en dos años, tal y como ha decreatdo el Ayuntamiento de Barcelona.

Al entrar en el delfinario de Barcelona, Javi Roche se cerciora de que la piscina es mucho menor de lo que debería ser. En concreto, tendría que ser siete veces más grande para cumplir con la norma. «En esas piscinas diminutas los delfines estaban depresivos, dando vueltas sin parar», explica con un notable cabreo.

Después de comprobar la nula capacidad del delfinario para albergar unas instalaciones acordes con la vida de los animales, retorna al lugar para entrevistarse con uno de los encargados. Este último se defiende de los ataques de Javi Roche, asegurando que los delfines reciben un trato perfecto. Sin embargo, el presentador y boxeador logra otra versión, la de un extrabajador, que asegura que tuvo que «matar» a un delfín puesto que no había un centro adecuado a él. Así, llega a la conclusión de que a alguien que le gustan los animales el «ultimo sitio» donde puede trabajar es en «un zoo».

Finalmente, El Chatarrero pone rumbo a la isla de Lanzarote, donde pretenden levantar otro delfinario. Sin embargo, el animalista sale antes a mar abierto para ver como viven los delfines en su hábitat natural y en libertad. «¿Alguien ve aquí los delfines soltando con una pelota en la boca o dentro de un aro? No, eso es maltrato y nosotros tenemos que empezar a aportar nuestro granito de arena para mejorar la sociedad», reflexiona, consciente de que él ya ha arrimado el hombro para tratar de acabar con el «encarcelamiento» de los delfines.